El llamado a los demonios

Por Ramón Rodríguez Rangel

Una imagen publicada por la periodista veracruzana, Claudia Guerrero Martínez, cuestionando al candidato de Morena, a la presidencia de la república, bastó para que fuera objeto de una cadena de ataques, ofensas, y descalificativos que rayaron en la misma infamia.

No estamos a favor ni en contra de ningún partido político, pero si estamos a favor, de que quien sea el próximo presidente de la república, sea un demócrata y no un dictador, que su aspiración a ser presidente se sustente en el peso de sus propuestas y no faltando a los derechos humanos elementales.

La agresión a Claudia Guerrero no puede pasar desapercibida, porque muestra el rostro totalitario de Andrés Manuel López Obrador, con su discurso “de buenos contra malos”, alimentando no a todos, pero si a una gran parte de sus seguidores al odio hacia los que piensan diferente, a los que se atreven a cuestionar su causa partidista, como el caso de dos de las mentes más brillantes del país, Jesús Silva Herzog Márquez y Enrique Krauze, descalificándolos como “secuaces de la mafia del poder”.

Sus partidarios son los menos culpables de su actitud, ya que como lo escribió Juan Jacobo Rousseau, hace más de 250 años, “el pueblo quiere indefectiblemente su bien, pero no siempre lo comprende, por lo que cuando se le engaña, parece querer el mal”.

La manipulación solo se puede evitar, comprendiendo verdaderamente la realidad, Fernando Savater opina en “Los caminos de la libertad”, que precisamente la falta de autonomía, de comprensión y la ignorancia, es aquella actitud que desconoce los mecanismos civilizados; que ignora cómo se piensa, se estudia, se lee, que ignora como comprender críticamente, lo que ha escuchado o visto, y esta ignorancia, remarco el filósofo español, es lo más peligroso para la sociedad porque atenta contra los principios de la democracia, como la libertad de expresión y el pluralismo.

Por lo que considera, que resulta que no se puede exigir una actitud ciudadana, a quien desconoce los mecanismos de comprensión, de crítica y de dialogo, fundamentos de la educación y la civilidad.

El problema de la exacerbación de los odios que trasmite López Obrador a sus fanáticos, es que está llamando a los demonios de la “balcanización”, que por ejemplo en territorio de la ex Yugoslavia, llego a motivar el asesinato, violación y tortura de más de 300 mil personas, a causa precisamente del odio y la intolerancia que se promovió a través de la manipulación ideológica en los grandes medios de comunicación, que como lo consignó la ONU  y Reporteros Sin Fronteras, llegaron a llamar e incentivar el exterminio de quienes pensaban diferente en esa región del mundo.

Ese grado de xenofobia, fanatismo ideológico e histeria colectiva, no queremos que vuelva a repetirse en ninguna parte del mundo, porque convierte a los hombres en verdaderas bestias, en franco desprecio a la vida y a la dignidad humana.

Por ello el peligro del clima de odio, que está sembrando a través de su marketing, Andrés Manuel López Obrador, entre sus huestes contra todo el que piense diferente o se atreve a cuestionar su causa, como en este caso la periodista Claudia Guerrero Martínez.

Signos para nada del perfil de un gobierno democrático, al que dice aspirar el candidato de Morena, sino de un totalitarismo, del que advierte el Diccionario Internacional de las Ciencias Sociales, como un síndrome conjunto acaudillado por un líder carismático, por una ideología única y un partido de masas, que viene siendo la antítesis de la democracia y la civilización.

Los que queremos un verdadero desarrollo democrático para México y realmente un cambio para el bien de la sociedad, tenemos que anteponer a nuestros instintos naturales, la reflexión y el pensamiento. Hannah Arendt, autora de “Los orígenes del totalitarismo”, opina que la manera más elevada y más pura de estar activo, que los seres humanos conocen, es la actividad de pensar.

La misma filosofa alemana remarcó que una de las metas del totalitarismo, es volver a los seres humanos superfluos, de manera que el fundamento para vivir una vida humana, como la pluralidad y la individualidad, queden aniquilados.

Esto no debe hacer reflexionar sobre la importancia de los derechos humanos y de la democracia sobre cualquier interés partidista, la pasión no debe segar el razonamiento, no se nos debe olvidar nunca nuestra existencia como seres humanos, no como salvajes en un festín de sangre.

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