A Dalia Cuervo, ex directora del Museo México-Cuba

Brevísimo reconocimiento a su labor cultural el Día Internacional de la Mujer
Por Inés García Nieto

Tuxpan, Veracruz.- En la congregación de este municipio llamado Santiago de la Peña, está un museo de hermandad latinoamericana.

Es el Museo México-Cuba, y es el único entre los más de 300 museos en el país, dedicado a otro país hermanado por la lengua, la historia y los anhelos de justicia.

En seis años que corresponden a una administración municipal panista y una priista, una mujer sensible a los sueños de otros seres humanos estuvo al frente de este sitio histórico por donde, el 25 de noviembre de 1956, salieran jóvenes cubanos del “Movimiento 26 de Julio” y el argentino Ernesto Che Guevara, todos ellos liderados por el médico Fidel Castro Ruz,  tiempo después presidente de la pequeña isla que hoy es ejemplo a seguir en educación, salud y cultura, entre otras cosas más.

Dalia Cuervo Loredo es su nombre. Estudió hasta el cuarto año de medicina en la Universidad Veracruzana, es promotora social de Santiago de la Peña desde hace 20 años y durante su estancia en el Museo México-Cuba, desarrolló un interesante programa artístico-cultural para dar vida a este museo.

Su programa en seis años, con escaso apoyo económico y logístico de los alcaldes del PAN y el PRI para atraer a los porteños hacia este histórico sitio, se llamó “Vida en el Museo”.

Mientras que el evento cumbre del sitio es recordar la salida del yate “Granma” todos los 25 de noviembre,  Dalia Cuervo se las ingeniaba para organizar – en el paradisiaco jardín que circunda el edificio de dos plantas y conocido en Santiago de la Peña como la Casa de Fidel –  eventos didácticos para pequeños de jardines de niños; esto con el apoyo incondicional del director de Educación y Cultura municipal de Tuxpan, Ramón Rodríguez Rangel, docentes del CREN,  maestras jubiladas,  y amigos que simpatizan con la revolución cubana.

En tanto, cantantes de todas edades, jóvenes actores, poetas y danzantes del folklor huasteco acariciaban el sueño de ser vistos por diplomáticos cubanos durante sus breves estancias en el museo- para de esta forma ser invitados a la admirada isla donde aún vive el hombre, que joven pisara el mismo espacio que ellos llenaban los viernes con su alegría y arte: El comandante Fidel Castro.

Esto ocurría los fines de semana, tronara o lloviera, o el viento frío entumiera los huesos, pero de lunes a sábado, Dalia Cuervo recibía a los visitantes de varios países que con cámara en mano, llegaban al Museo a enterarse del porqué, para qué y cómo 82 jóvenes –uno de ellos el Che Guevara-, habían salido en un yate de recreo, con capacidad apenas para diez personas.

Desde muy temprano, si no había que salir a invitar a algún plantel o solicitar un permiso al  trabajo de alguno de sus invitados, Dalia estaba más que atenta para ser guía de los visitantes del país o del extranjero, y tras hacer una detalla explicación de la historia de Cuba, antes, durante y después de la revolución según las fotografías en exposición,  ella misma les pedía escribieran un comentario sobre el Museo en la libreta de visitas.

La mayoría de las opiniones ensalzaban los logros de la revolución, el admirable valor de su pueblo, y otros más pedían se vendieran recuerdos del museo, libros o carteles.

Y leyendo, investigando y explicando la lucha  heroica de un pueblo dispuesto a vencer a la tiranía encabezada por Fulgencio Batista, Dalia se enamoró de la historia de Cuba. Por ello hablaba serena y con conocimiento preciso a los visitantes, de los muchos logros alcanzados por hombres y mujeres antes y  después de la revolución.

En seis años de trabajo ininterrumpido, Dalia Cuervo Loredo tuvo la fortuna de conocer y luego tener el apoyo moral y material de un hombre solidario -que cuando joven tuvo la oportunidad de colaborar con Fidel Castro en México -, de Antonio del Conde, conocido en la clandestinidad de esa época como “El Cuate”.

Como a Antonio del Conde correspondió comprar la casa –hoy Museo México-Cuba-, al norteamericano Robert B. Erickson, así como el yate “Granma” varado en las aguas del río Tuxpan, él visitaba y visita permanentemente el Museo de la Amistad México-Cuba.

Y no sólo porque a él correspondió reparar su yate, probarlo en el río y en el mar antes de la salida a Cuba, sino porque él fue pieza clave en México y en Tuxpan en esta lucha encabezada por jóvenes patriotas, y porque Fidel Castro confiaba totalmente en él, al grado de decir: “Si el cuate repara el yate salgo y si salgo gano…”

Y la profecía se cumplió.

A Antonio del Conde sus 84 años no le impidieron traer libros, plantas, carteles de la réplica del “Granma” en Cuba, ventiladores y objetos por el estilo al museo, y menos escribir su libro autobiográfico “Memorias del Yate Granma” y presentarlo en este histórico lugar.

Antonio del Conde “el Cuate”, es un hombre íntegro; de arrojo a sus 88 años de edad, y leal a la revolución socialista de su segunda patria. También es amigo en las buenas y en las malas, y Dalia sigue siendo una valiosa amistad para él, aunque ella ya no esté al frente del Museo México-Cuba.

De trato amable y afable, Dalia Cuervo también se ganó la confianza de los embajadores de Cuba en México: Jorge Bolaños y Manuel Aguilera, así como del cónsul de Cuba en Veracruz, Alcides de la Rosa.

A partir del 5 de febrero de 2011, Dalia se convirtió en una flor más del espacioso jardín de este hermoso sitio que simboliza amistad y hermandad, y tras organizar por última vez el 158 aniversario luctuoso del intelectual y humanista José Martí el 28 de enero pasado, ella se despidió con una sonrisa de afecto y un pensamiento Martiniano de este admirado sitio:

Cultivo una rosa blanca
En junio como en enero
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca…

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