EEUU y sus aliados estudian escoltar a los petroleros ante la certeza de que habrá nuevos ataques en el Golfo

Por Francisco Carrión/El Mundo

Tres días después del segundo ataque en un mes, Estados Unidos y sus aliados en la región han comenzado ya a estudiar medidas para garantizar la seguridad en una vía marítima clave para el transporte de crudo. Un respuesta que podría incluir un servicio de escolta a las embarcaciones que transitan el estrecho de Ormuz, como ya sucediera en la década de 1980 cuando Irán e Irak libraron la bautizada «guerra de los petroleros».

«No creemos que este asunto haya concluido», señaló este viernes un alto funcionario estadounidense citado por Reuters. La convicción de que podrían producirse más ataques, de los que Washington culpa a Irán, obliga a buscar remedios para apuntalar la seguridad en el golfo de Omán y sus alrededores, donde dos petroleros sufrieron un ataque el jueves tras un incidente similar registrado contra otros cuatro buques el 12 de mayo. El 40 por ciento del transporte de petróleo por mar transita por la zona.

«De momento, serán medidas defensivas para asegurar la seguridad y la libertad de las rutas comerciales marítimas y la industria petrolera y evitar nuevos ataques en el futuro o al menos hacerlos más difíciles», explica a EL MUNDO Ali Bakeer, analista experto en el Golfo afincado en Turquía. «Estas nuevas medidas tendrán como consecuencia el aumento de los costes financieros y podrían requerir escoltas a los petroleros o incluso más despliegue militar en el Golfo«, agrega.

El área es ya uno de los rincones más vigilados del planeta. La Quinta Flota de la Armada estadounidense hace guardia desde su base en Báhrein y opera a diario patrullas tripuladas y no tripuladas mediante drones. Emiratos Árabes Unidos dispone de globos ISTAR -un acrónimo de Inteligencia, Vigilancia, Reconocimiento y Adquisición de objetos- y Omán cuenta, además, con un amplio despliegue aéreo y marítimo para vigilar las aguas de Ormuz. En Irán, la tarea está asignada a la Marina y la fuerza marítima de la Guardia Revolucionaria, ahora bajo escrutinio.

Sobre la mesa, en efecto, estaría la introducción de un sistema de escolta militar de los petroleros que transitan la región, una solución que se implementó durante la guerra entre Irán e Irak y los ataques de piratas somalíes; incrementar la presencia militar, un medida que Washington ya adoptó hace semanas; y llevar a cabo operaciones de detección y retirada de minas marinas, que -como ha quedado constatado desde mayo- representan una gran amenaza para el tráfico comercial.

No obstante, el envío de buques de guerra para proteger a los petroleros podría alimentar las tensiones en una ruta con un elevado tráfico y una vía marítima muy limitada. Ormuz tiene apenas 280 kilómetros de longitud y 33 kilómetros de anchura en las zonas más angostas. Regulado por la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar promulgada en 1982 -que Irán ha firmado pero no ratificado y EEUU ni siquiera ha rubricado-, el canal cuenta con vías de tránsito en ambas direcciones, con una separación de unos tres kilómetros. Cualquier error de cálculo incrementaría los riesgos de contienda.

El primer escollo que debe salvar EEUU para aumentar la vigilancia e incluso introducir el sistema de escoltas es lograr un consenso internacional entorno a lo que sucedió a primera hora del jueves, cuando las explosiones sacudieron los petroleros Kokuka Courageous, de bandera panameña y dueño japonés, y Front Altair, de bandera de las Islas Marshall y propiedad noruega. Fue este último el más afectado tras tardar horas en extinguir el fuego. «Su situación, con un cargamento de nafta, sigue siendo preocupante. Se ha enviado un equipo para ejecutar la operación de salvamento«, detalló este viernes la compañía holandesa encargada de rescatarlo.

El Pentágono trató de probar la presencia del artefacto explosivo en el Kokuka Courageous desclasificando unas fotografías que mostrarían los daños causados por una mina y la presencia de otra defectuosa. Horas después, el presidente estadounidense Donald Trump abundó en sus tesis: «Irán lo hizo. Ustedes vieron el barco. Ellos no saben que tenemos las técnicas que nos permiten observar en la oscuridad».

Pero las imágenes fueron recibidas con cierto escepticismo. Alemania alegó que el vídeo no es una prueba definitiva para culpar a Teherán, que negó cualquier conexión con el sabotaje. Londres, en cambio, aseguró haber llegado a la misma conclusión sobre el ataque que la difundida por Washington. Un declaración categórica censurada por el líder de la oposición británica. «Sin pruebas creíbles sobre los ataques, la retórica del Gobierno solo aumentará la amenaza de guerra», denunció el laborista Jeremy Corbyn. «Gran Bretaña debería actuar para aliviar las tensiones en el Golfo, no para alimentar la escalada militar que comenzó con la retirada estadounidense del pacto nuclear con Irán».

Con el propósito de despejar las dudas, el secretario general de la ONU Antonio Guterres pidió este viernes la apertura de un investigación independiente. «Es muy importante que las responsabilidades sean clarificadas. Obviamente solo puede realizarse si hay una entidad independiente que verifique todos los hechos», subrayó tras ofrecerse a mediar si cuenta con el plácet de las partes en liza. «En estos momentos no vemos ningún mecanismo de diálogo posible», admitió.

La construcción de un bloqueo sólido -formado por sus países aliados en el Golfo Pérsico, la Unión Europea, Noruega o Japón- es aún una tarea pendiente de la administración Trump. «Obviamente necesitamos hacer planes de contingencia en caso de que la situación se deteriore. También necesitamos ampliar nuestro apoyo para esta situación internacional», reconoció este viernes el secretario de Defensa estadounidense en funciones, Patrick Shanahan.

Un objetivo al que no ayudan los interrogantes que todavía se ciernen sobre el sabotaje acaecido el 12 de mayo. La investigación preliminar firmada por Emiratos Árabes Unidos, hecha pública hace una semana, sugirió que la sofisticación y coordinación de la operación solo podían ser obra de «un actor estatal» pero evitaba culpar a Irán. Este sábado un tuit de Al Arabiya citando unas declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores emiratí, Abdalá bin Zayed al Nahyan, sobre las «huellas de Irán» en el ataque se desvaneció minutos después de difundirse.

Durante una visita a Bulgaria, Al Nahyan llamó a ejercitar la cautela. «La verdadera seguridad y estabilidad regionales solo se lograrán cuando los actores regionales trabajen juntos. Nuestra región es el principal proveedor de energía del mundo. Nuestra seguridad es clave para garantizar la prosperidad y la estabilidad de todos», indicó. «Debemos trabajar juntos para evitar la escalada en la región y dar una oportunidad a la voz de la sabiduría», deslizó.

Jalonada de enigmas, la última certeza es que desde ninguna de las trincheras se desea un conflicto militar abierto. «Resulta difícil prever hacia dónde van las cosas en un entorno tan inestable y altamente volátil. Ambas partes deben practicar la máxima moderación y acudir a la mesa de negociaciones. Si el régimen iraní se niega y continúa aplicando una política tan peligrosa, será una jugada en la que los errores de cálculo de cualquier parte podrían conducir a una guerra desastrosa«, alerta Bakeer.

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