La castidad de los curas ¿Celibato o matrimonio? Encrucijada de la iglesia católica

Por Dra. Zaida Alicia Lladó Castillo

 


 

 

Dos temas que están íntimamente relacionadas con la acción de la Iglesia y que se insiste públicamente que están en crisis desde hace ya algunas décadas, son: el celibato y el matrimonio. Y por lo interesante que me parecen ambos, me permitiré dividir el artículo en dos partes.

 

Empezaré comentado algo sobre el celibato, tratando de hacerlo con el respeto que me merece, especialmente la posición de la Iglesia Católica, que es quien lo tiene como norma esencial para sus ministros.

 

La crisis del celibato 

El celibato es la condición de no estar casado y, en el uso de la Iglesia Católica, un compromiso de no casarse. La Iglesia hace distinción entre el celibato de laicos y el celibato eclesial. El celibato de laicos, corresponde a una condición voluntaria de una persona que decide no contraer matrimonio, que no le impide que pueda vivir en intimidad con otra persona. Pero en el caso de quienes han contraído el compromiso eclesiástico, por la iglesia católica, es un requisito que se obliga a cumplir.

 

Sin embargo, algo está pasando en la Iglesia en los tiempos actuales. Existen más de 100 mil casos de sacerdotes en el mundo, de acuerdo a datos de la Confederación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, con sede en Bélgica, que en la última década han dejado la iglesia, y más de 2500 en Latinoamérica en los últimos 5 años, según lo que comenta su presidente para esta región, Mario Mullo. Agregando: “Nuestra posición es la misma… trabajar por un celibato opcional”, calificando de “anacrónica” la norma del “celibato obligatorio” en la Iglesia.

 

Y es que no es la primera vez, que se conoce que un ministro de la Iglesia católica,  renuncia al sacerdocio después de muchos años de ejercerlo y los motivos pueden ser diversos. Desde la debilidad individual o de fe, hasta los enamoramientos conscientes o inconscientes, derivados de las influencias a las que frecuentemente están expuestos los sacerdotes; en el mayor de los casos porque su figura como guía llega a impactar a algunas mujeres que buscan apoyo y afecto (que no tienen en su vida cotidiana), y se refugian en el sacerdote porque de él lo reciben. 

 

Casos muy sonados de sacerdotes que dimitieron por buscar el matrimonio, entre otros están,  los del padre Alberto Cutié y David Dueppen ambos de Miami que se retiraron porque deseaban llevar una vida “normal” con sus parejas femeninas. Y el más reciente caso del sacerdote  mexicano residente en Los Ángeles,  Cal.,  Gabino Zavala, originario del Estado de Guerrero, que confesó ser padre de dos hijos adolescentes y vivir con su pareja en otro Condado y, prefirió anteponer su renuncia al Papado que “seguir engañando a sus fieles y a sí mismo”. El Papado les aceptó sus renuncias, según el artículo 401.2 del Código de Derecho Canónico, ley fundamental de la Iglesia que contempla el retiro anticipado de los prelados “por causas de fuerza mayor”.

 

Aunque en estos ejemplos el aspecto coincidente es que los padres dejaron el celibato porque en su “debilidad” humana encontraron el amor y prefirieron ser congruentes finalmente con sus emociones, existen casos en que los sacerdotes han buscado parejas para tener relaciones íntimas y escondido su “pecado” engañando a la gente. Dos casos muy sonados fueron, el del Presidente de Paraguay el ex obispo católico Fernando Lugo que reconoció, obligado por las circunstancias,  haber sido padre de un hijo, no sin antes haber amedrentado a la madre de 18 años para que lo continuara ocultando y ello no entorpeciera sus aspiraciones presidenciales. O el famoso caso del padre Marcial Maciel, fundador de los “Legionarios de Cristo”, que engañó por décadas a esta organización y a sus seguidores y  lo más cuestionable, engañó a las parejas y a sus seis hijos. Jóvenes que una vez, que éste falleciera, hoy exigen sus derechos filiales y el reconocimiento por parte de esta agrupación y que exigen también ser incluidos en la herencia que dejó, y que por supuesto es cuantiosa. Casos como éstos, por donde se le vea son verdaderamente cuestionables, pues son la antítesis de lo que le exige el catolicismo a un sacerdote.

 

Ante este dilema el Papa Benedicto XVI ha preferido aceptar las renuncias a los puestos de obispos o sacerdotes en el caso de los que optan por el matrimonio (lo que me parece una posición justa), para así dejar en libertad a la persona de realizar su vida como lo considere conveniente; aunque también existen otros motivos, que no es el tema del artículo, de sacerdotes acusados de abuso de poder o violación en mujeres o niños y que ante la presión social o judicial, se ocultan y ante esos casos,  el Papado ha pedido disculpas (cuando son descubiertos) dejando que las autoridades competentes actúen al respecto.

 

Sin embargo las cosas han cambiado aun para los sacerdotes. Si partimos de la base de que éstos son seres humanos, tendremos que aceptar que están expuestos a la influencia del medio como cualquier otra persona,  no siendo ajenos a: la modernidad, los modelos e imágenes sexuales provocativas, la soledad, la impotencia de no poder cambiar las cosas o a los hombres y,  todo ello pone a prueba su fuerza de voluntad y naturaleza humana y entiendo que ese es el gran dilema al que se exponen diariamente y que sólo con una gran fuerza de voluntad y un gran amor a su fe… y a Dios, logran superarlo.  

 

Sin embargo, también hay que aceptar que esta situación ha llevado a algunos a flaquear y la mayoría de los casos corresponden a los padres que están más expuestos a las tentaciones de la modernidad o los que poseen fuertes vacios emocionales y ello los hace vulnerables y susceptibles en ocasiones,  de romper las alianzas de respeto y fraternidad entre el sacerdote y el fiel, que por consecuencia se traduce en enamoramiento  o deseo y, si no hay un alto en la relación, ésta puede llegar al extremo.

 

Algunos sacerdotes, no tienen el valor de aceptar que han fallado a su fe y lo ocultan, y aquellos que son descubiertos, prefieren renunciar al sacerdocio o al celibato buscando  la religión que sí lo permita, como es el caso de los que optan por la Iglesia  Anglicana  o de otras confesiones cristianas, en las cuales pueden sus ministros vivir en matrimonio.

 

Para la Iglesia Anglicana, eliminar el celibato permite a los sacerdotes realizar su vida sexual de manera adecuada; y según la concepción de ésta,  en función de ello hay una mayor apertura y comprensión hacia sus fieles pues su condición de igualdad les hace tener una visión realista de la vida. Y en ese punto estriba la polémica hacia la Iglesia Católica, a la que se quiere presionar para permitir que sus representantes se casen y puedan realizarse en sus aspectos bio-psico-sexuales y ello favorezca a sus emociones y su naturaleza humana.

 

Sin embargo la Iglesia Católica, tiene razones por las cuales defiende el celibato y la primera la encuentra en el Evangelio. El Evangelio menciona que “los apóstoles abandonaron todo por seguir a Jesús” y desde entonces, los que se han consagrado al servicio de la comunidad Cristiana, lo han hecho aparentemente en estado de virginidad, porque así se les ha exigido.

 

 El único dato que aparece en la Biblia, de un apóstol casado fue Pedro (porque la Biblia menciona a su suegra) y paradójicamente fue el elegido para edificar la Iglesia. Hubo también en las primeras fases de propagación y desarrollo del Cristianismo, cuando todavía estaba en vías de organización y experimentación, hombres casados que fueron sacerdotes, elegidos y ordenados siguiendo la tradición judaica. La diferencia en la disciplina se explica, cuando se quiere hacer creer que la continencia perfecta no pertenece a la esencia del sacerdocio.

 

 Otras de las razones es su sacrificio y lealtad a Dios y ello incluye el poder controlar sus impulsos sexuales y todas las tentaciones a su alrededor. Por eso antes de la ordenación, el candidato jura recibir el don del celibato y a partir de ese momento,  éste lo vive, fortalecido en su fe, en su espíritu y se refugia en la oración, siendo lo único que puede sostenerlo en su decisión a lo largo de su vida.

 

Cuando los sacerdotes, han llevado o llevan a través de su existencia este precepto con absoluta lealtad, desde mi punto de vista, les hace dignos, respetables y congruentes no sólo con lo que establece el Evangelio, sino con lo que juran. Por ello el sacerdocio católico como todas las profesiones, requiere de una gran vocación y disciplina. Y si una persona es incapaz de asumirlo en esa forma, tendrá que dedicarse a otra causa. Porque lo cuestionable y deshonesto es traicionar la palabra dada, engañar a la comunidad religiosa y a los fieles abusando de su imagen y misión frente al que se acerca en busca de comprensión y paz;  en pocas palabras, engañarse a sí mismo y llevar una doble vida en contra de los principios morales que le exige la institución a la que se debe. Aunque finalmente las debilidad estructural es de las personas, más no de la institución.

 

Por lo tanto, para el Catolicismo el celibato simplemente es una condición que la institución exige a los que se ordenan y a nadie lo obliga, como por igual estima el matrimonio en los laicos, porque ambos son: vocaciones o caminos de amor y servicio a Dios.

 

Lo cual también es muy respetable.  

Próxima colaboración en Expreso de Tuxpan hablaremos de la crisis del matrimonio. 

 

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