Mensaje del Obispo de Tuxpan: Denles ustedes de comer

 

El Profeta Isaías animaba al pueblo afligido por pruebas de todo tipo. Su mensaje se resumía en un estribillo: “Consuelen a mi pueblo”.  En la actualidad, como en todos los tiempos, mucha gente vive profundamente afligida. ¿Cómo animarlos, como ofrecer una palabra que aliente, que anime o de plano que de sentido a la vida?

San Pablo nos dice que nada puede separarnos del amor de Cristo: ni las angustias, las tribulaciones y la pobreza, ni la muerte ni la vida nada podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

El evangelio nos habla de una multitud hambrienta de más de cinco mil personas, y nos dice que Jesús que venía del desierto, se encontró con esta gente que necesitada de todo. Los discípulos le piden que los despida para que vayan y compren algo de comer.

Jesús les dijo: no hace faltan que vayan.  Denles ustedes de comer. Jesús propone sustituir el comprar  por la alegría de dar y de compartir. No tenían más que cinco panes y dos pescados. Los compartieron y alcanzó para todos.

Si ponemos en manos de Jesús algo de lo que somos y tenemos, puede producirse el milagro. La actitud de Jesús nos demuestra que el hambre se vence con el “milagro” del compartir y de  la solidaridad. Cuando se comparte y reparte hay de sobra para todos.

Jesús no se preocupa sólo del pan material, también escucha, enseña, consuela, cura y regala esperanza y sentido de la vida. Muestra siempre un corazón abierto a todos y lleno de ternura.

Nos pide actuar como él, tratar de saciar el hambre de pan, pero también el hambre de amor, de paz, de justicia, de ilusión, de alegría, de cultura, porque el hambre de la gente tiene muchas caras. La pobreza no es sólo carencia de cosas y de comida.

Hay hambre de pan sí, pero también de trabajo y vivienda, de dignidad personal y de cultura, de afecto y reconocimiento, de paz y libertad, de espíritu y de religión. Hambre total, hambre de absoluto, hambre de Dios.

Modernamente la pobreza se manifiesta en ancianos solitarios, enfermos terminales, niños sin familia, madres abandonadas, delincuentes, jóvenes desorientados que caminan sin saber hacia dónde, drogadictos, alcohólicos y tantos otros. Y Jesús nos pide ser cercanos y solidarios.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

La multiplicación de los panes

La primera lectura de la Misa de hoy está tomada del Libro de Isaías, llamado “Libro de la Consolación de Israel” (cap. 41-55).  El Profeta se dirige al pequeño resto del pueblo afligido por pruebas de todo tipo, como muchos pueblos sufren también en la actualidad. El mensaje del profeta puede resumirse en esta frase que se repite a manera del estribillo: “Consuelen a mi pueblo”. De esta manera el autor recuerda el amor permanente de Yavé para su pueblo.

Por cierto, que este mensaje es retomado por Pablo, quien nos dice que nada puede separarnos del amor de Cristo: ni las angustias, las tribulaciones y la pobreza, ni la muerte ni la vida nada podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

Importancia de la multiplicación de los panes

El hecho de que la multiplicación de los panes aparezca hasta seis veces en los evangelios, y que lo narren los cuatro evangelistas, indica la importancia que tiene este episodio para las primeras comunidades cristianas, como revelación de la persona de Jesús. En la práctica el suceso de la multiplicación de los panes y los peces adquirió desde el principio un lugar importante en la simbología y la iconografía cristianas: mosaicos, pinturas, catacumbas y lugares de culto. Cada Evangelio quiere mostrar a su manera a Jesús como el nuevo Moisés, capaz de alimentar a su pueblo en la soledad y de conducirlo a través del desierto.

Un significado importante

Aquella multitud hambrienta de más de cinco mil personas simboliza el hambre de salvación y redención que vivió y que sigue viviendo la humanidad.  Con este milagro se cumple el anuncio profético que contiene la primera lectura que escuchamos este domingo: Vengan tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. La multiplicación de los panes apunta igualmente hacia el sacramento de la Eucaristía como alimento del nuevo pueblo de Dios, y preanuncia el banquete definitivo del reino, inaugurado ya en la persona misma de Jesús, así como en su mensaje y en sus obras

Hacer un alto en el camino

La noticia de la muerte de Juan Bautista impulsó a Jesús a hacer un alto en el camino a retirarse al desierto para estar a solas.  En ocasiones, ante lo que nos sucede o ante lo que escuchamos, también nosotros necesitamos estar a solas, para conseguir la serenidad y la calma necesarias para ver con claridad y afrontar la realidad.

Sin embargo, Jesús deja su deseo para dedicarse por entero a la gente que le busca y le sigue. Mateo, en la lectura que acabamos de escuchar nos habla de Jesús que viene del desierto, y está rodeado de una muchedumbre hambrienta que necesitada de todo. Los discípulos le piden que despida a la gente para que vayan a los poblados y compren algo de comer. Jesús propone sustituir el comprar por la alegría de dar y de compartir. Jesús les dijo: no hace faltan que vayan.  Denles ustedes de comer. Le contestaron los discípulos: no tenemos más que cinco panes y dos pescados. con eso Jesús hizo que todos comieran hasta saciarse y sobró comida.

El milagro de la solidaridad

Si ponemos en manos de Jesús todo lo que somos y tenemos, por poco que nos parezca, puede producirse el milagro. La actitud de Jesús nos demuestra que el hambre no se vence con un milagro espectacular, sino con el “milagro” de la solidaridad y el compartir.

Cuando se comparte y reparte hay de sobra para todos. Jesús no se preocupa sólo del pan material, también cura, escucha, enseña, consuela, resucita, regala esperanza y sentido de la vida y muestra un corazón lleno de ternura. Nos encarga actuar como Él, tratar de saciar el hambre de pan, pero también el hambre de amor, de paz, de justicia, de ilusión, de alegría, de cultura, porque el hambre de los pobres tiene muchas caras.

El concepto de pobreza no se limita a la carencia de cosas y en particular de alimentos. Hay hambre de pan sí, pero también de trabajo y vivienda, de dignidad personal y de cultura, de afecto y reconocimiento, de paz y libertad, de espíritu y de religión. Hambre total, hambre de absoluto, hambre de Dios. Modernamente la pobreza se manifiesta en ancianos solitarios, enfermos terminales, niños sin familia, madres abandonadas, delincuentes, jóvenes desorientados que caminan sin saber hacia dónde, drogadictos, alcohólicos y tantos otros.

Pan material y pan de la vida eterna

Hay dos aspectos de esta narración que merecen particularmente nuestra atención. No sólo nos muestra a un Jesús compasivo con la muchedumbre pobre y hambrienta, sino que les da un alimento material, real y concreto. Como no ha cesado de repetir, su reino no es de este mundo, pero es vivido en este mundo nuestro. La vida humana normal, la que vivimos aquí, es un elemento de la vida eterna que Jesús ha venido  a traernos a la humanidad. Los seres humanos tenemos necesidad de un alimento espiritual, pero igual, y en ocasiones de manera especial, necesitamos el alimento material. Las necesidades materiales son un aspecto importante de la salvación integral, que Jesús nos ha venido a traer.

Denles ustedes de comer

El segundo aspecto es el del reparto. Jesús pregunta a sus Apóstoles cuantos panes tienen. Le responden: “Cinco panes y dos peces”. Les pide que sienten a la gente y que comiencen a repartir el alimento. Y hubo comida suficiente para todos. Es legítimo el pensar que el verdadero milagro que entonces tuvo lugar fue que cuantos habían traído algo consigo lo repartieron a gusto con sus vecinos, y hubo más alimento de lo que era en realidad necesario.

Si traducimos esto a la vida de nuestros días, podemos decir que los problemas de pobreza y de hambre en el mundo son, en último análisis, problemas más bien de justicia y de distribución equitativa, de falta de solidaridad. La naturaleza podría alimentar varios miles de millones de personas más, si no hubiera tanto acaparador y si todo mundo buscara asumir sus tareas con equidad y responsabilidad.

Eucaristía y solidaridad

Un gran doctor de la Iglesia, San Juan Crisóstomo (siglo IV) ha expresado de un modo vivo en extremo la relación entre la celebración litúrgica y la atención a los pobres: “Quieren honrar el Cuerpo de Cristo. No lo desprecien cuando está desnudo. No lo honren aquí, en la Iglesia, con sus vestidos de seda, cuando lo dejan fuera en medio del frío y la desnudez… Alimenten en primer lugar a los pobres, y con lo que sobre podrán adornar el altar.”

Cuando estamos aquí reunidos para recibir el Pan de Vida queremos pedir al Señor que abra el corazón de todos los cristianos a la solidaridad y al compromiso de trabajar para conseguir una sociedad mejor para todos. Este «milagro» realizado por Jesús es signo del mundo querido por Dios. Un mundo solidario y fraterno donde todos compartamos dignamente los bienes que recibimos de Dios.

Ante todo, debemos confiar en la Providencia, sabiendo que Dios nunca se olvida de nosotros. Y como señala San Pablo, nada, ni la pobreza, podrán apartarnos del amor de Cristo. Sin embargo, es importante nuestra participación, nuestra solidaridad y amor. Dios quiere que pongamos nuestros cinco panes y El se encarga de lo demás.

 

 

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