Mensaje del Obispo de Tuxpan: Trabajar en la viña del Señor

Mensaje del Obispo de Tuxpan: Trabajar en la viña del Señor

Publicado por Expreso de Tuxpan en Domingo, 20 de septiembre de 2020

La parábola de los trabajadores, que nos presenta el evangelio de este domingo, va al corazón del mensaje de Jesús: el amor libre y gratuito del Padre y la forma de actuar de las personas que se creen justas delante de Dios. 

El texto presenta la realidad de un Dios bueno y misericordioso. Por otra parte, en la parábola aparece el valor justicia, ya que se paga lo acordado con los trabajadores; pero aparece también el valor generosidad, porque a quienes comenzaron a trabajar más tarde se les pagó lo acordado con los que trabajaron desde la primera hora.

Preguntemos si esos valores están presentes en nuestra vida y en nuestras relaciones con los demás. Hay que aclarar que esta forma de pensar no nos invita a la irresponsabilidad: a “llegar tarde” o a trabajar menos; sino a evitar la tentación de proyectar sobre Dios nuestros cálculos y nuestras medidas.  Los pensamientos y los caminos de Dios son distintos a los nuestros y siempre nos sorprenden (1ª. lectura).

La bondad de Dios desborda y rebasa la justicia. Dios es gratuidad generosa, bondad total, pura gracia más allá de todos los intereses y de todas las leyes. No actúa según nuestros méritos, ni nuestra lógica, sino según su bondad y misericordia. Jesús, con su palabra y con el ejemplo que proyecta en su propia vida, nos enseña y nos invita a vivir con un corazón generoso y pleno de bondad en nuestra relación con los demás.

Jesús dice que los últimos serán los primeros”. Esta parábola nos enseña a descubrir la diferencia entre nuestras maneras de valorar y juzgar con las maneras de valorar y juzgar de Dios. Se trata del cambio radical de situación que trae consigo la llegada del Reino de Dios, que propone un nuevo modelo y un nuevo sistema de relación y convivencia humana, basado, no en el rendimiento y la correspondiente compensación, sino en la fraternidad y la solidaridad, en la gratuidad, la bondad y el amor servicial y generoso.

El modo de ser y de actuar de Dios ha de ser el programa de todos y para todos. Un Dios compasivo está pidiendo a sus hijos e hijas una vida inspirada en su actuar misericordioso; esto es en la sensibilidad humana y la cercanía, en la solidaridad y el amor efectivo. construyamos la vida personal, la vida comunitaria y social, de acuerdo al plan de Dios.

Esto es posible solamente si el amor es el centro de tu vida. Jesús nos dice: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 12). Y señala que esta será la señal de pertenencia al grupo de los suyos: “En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros”. (Jn 13, 35). Probemos este camino y seremos de verdad felices.

Finalmente, les invito a que sigamos elevando nuestras plegarias por tantos hombres y mujeres que han muerto en estos días a causa de fenómenos naturales, los sismos y huracanes. Pero hagamos también esfuerzos para que nuestra solidaridad se manifieste en ayuda concretas y efectivas, por diferentes caminos y formas.

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

TRABAJAR EN LA VIÑA DEL SEÑOR

La parábola que escuchamos en el evangelio de hoy es exclusiva de Mateo. Manifiesta la situación que vivía su comunidad, donde los judíos, que se consideraban con todos los derechos y “titulares” de la promesa, manifestaban sus dudas para aceptar a las personas gentiles que se iban incorporando a la comunidad. Como todas las parábolas, cuestiona, incomoda y sorprende.

En la visión moral de los fariseos estaba orientada hacia la justa recompensa que esperaban recibir de Dios incluso en esta vida, como premio a sus obras. Los fariseos, legalistas y escrupulosos en el cumplimiento de la ley, no podían entender la amabilidad que Jesús mostraba en su relación con publicanos y pecadores. Por eso murmuraban de él y le criticaban. Jesús responde con una parábola a la crítica de los fariseos. En ella nos descubre la gracia de Dios y la nueva relación que debemos mantener con el Señor, distinta del legalismo servil de los fariseos.

Vengan todos a trabajar a mi viña

En la viña hay cabida y tarea para todos, sin distinciones ni privilegios, sin excepción de ninguna clase. Cada persona tiene su hora, su día, su edad…, de ver y aceptar su encuentro con Jesús. El dueño de la viña no paga por trabajo realizado, ni por horas, ni por trabajar a destajo, sino por la disponibilidad, por la actitud, la apertura y acogida a su invitación.

Los primeros jornaleros acuerdan el salario con el amo antes de comenzar su trabajo. En cambio, los demás trabajadores van a la viña sin preocuparse de lo que han de recibir al fin de la jornada. De la misma manera se comportarán los últimos contratados. Terminada la jornada de trabajo, el patrón ordena a su capataz que pague a los jornaleros empezando por los últimos. Es un detalle que se requiere para dar ocasión a la protesta de los primeros trabajadores y generar la situación final, que es lo único que importa en la parábola

Dios nos da lo que necesitamos

Al ver que los últimos recibían el jornal completo, los primeros pensaron que recibirían más. Pero no fue así. El amo da a todos lo que necesitan, sin tener en cuenta el rendimiento de cada uno. La retribución es según las necesidades y no según el trabajo. Y viene la protesta de los que habían trabajado más. Y éstos, llevando consigo a los favorecidos, se van a ver al amo. Uno del grupo habla en nombre de sus compañeros y expone claramente la queja. 

La respuesta del amo va dirigida al representante y por supuesto a todos los demás. Y es al mismo tiempo una respuesta de Jesús a los fariseos que se afanaban en el cumplimiento de la ley y no esperaban otra recompensa que la merecida según sus obras, razón por la que criticaban la forma como Jesús trataba a los pecadores.  El amo afirma que no comete ninguna injusticia, pues a los primeros les ha pagado un denario según lo acordado.

Los pensamientos y los caminos de Dios son diferentes

Los que trabajaron menos reciben más de lo que merecen. Y aquí está la enseñanza: Dios salva gratis, porque es bueno, Dios da a todos, la vida eterna, simbolizada por el denario o salario suficiente para vivir. La bondad de Dios es la causa de nuestra salvación y no nuestros méritos. Ante la peculiar justicia divina, que es la gracia, no vale la protesta de los “buenos” y su envidia al ver cómo son tratados los pecadores que se convierten a última hora.

Tampoco sería prudente hacer lo menos posible, suponiendo que vamos a recibir de todas maneras lo suficiente para vivir y alcanzar vida eterna. Estas reacciones serían propias de los que no han entendido nada del amor y de la gracia, ni tampoco del nuevo estilo que debe dominar nuestras relaciones con Dios. Pues ni Dios es un patrón, ni nosotros podemos ser cristianos a sueldo. Las únicas personas que protestan son las que saben desde el principio lo que van a ganar. No se quejan de haber padecido una injusticia, sino de lo que reciben los demás.

Sienten envidia de que todos sean tratados igual que ellos. No soportan la falta de distinción. Lo que les molesta no es recibir una paga insuficiente sino el comprobar que el Señor es bueno con todos. Es la actitud de las personas que se creen justas y con derechos ante Dios; se relacionan con Dios en términos mercantilistas, intentando comprar SU salvación.

Dios es bondad y misericordia

La parábola va al corazón del mensaje de Jesús: el amor libre y gratuito del Padre y la forma de actuar de las personas que se creen justas ante él.  El texto no ofrece una lección de justicia social, si no que presenta la realidad de un Dios bueno y misericordioso. Destaca el valor justicia –se paga lo acordado- y la generosidad –ya que se da más de lo acordado.

Preguntemos si esos valores están presentes en nuestra vida y en las relaciones con los demás. Por supuesto que esta forma de pensar no es invita a la irresponsabilidad: a “llegar tarde” o a trabajar menos; sino a evitar la tentación de proyectar sobre Dios nuestros cálculos y nuestras medidas.  Los caminos y los planes de Dios son distintos a los nuestros y siempre nos sorprenden (1ª. lectura).

La bondad de Dios desborda la justicia. Dios es bondad, pura gratuidad, pura gracia más allá de todo interés, de toda ley. No actúa según nuestros méritos, ni nuestra lógica, sino según su bondad. Jesús, con su palabra y con el ejemplo que nos da en su propia vida, nos enseña y nos invita a vivir con un corazón generoso y pleno de bondad en nuestra relación con los demás.

El amor, respuesta a la llegada del reino.

“Los últimos y los primeros”. Esta parábola nos puede dar una pista de la diferencia entre nuestras maneras de valorar y juzgar con los modos de valorar y juzgar de Dios. Es el cambio radical de situación que trae consigo la llegada del Reino, que propone un nuevo modelo y un nuevo sistema de relación y convivencia humana, basado, no en el rendimiento y la correspondiente compensación, sino en la fraternidad y la solidaridad, en la gratuidad, la bondad y el amor.

El modo de ser y de actuar de Dios ha de ser el programa de todos y para todos. Un Dios compasivo está pidiendo a sus hijos e hijas una vida inspirada por la compasión; esto es en la sensibilidad humana y la cercanía, en la solidaridad y el amor efectivo. construyamos la vida personal, la vida comunitaria y social, de acuerdo al plan de Dios. Esto es posible solamente si se hace del amor un imperativo absoluto. Jesús nos dice: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 12). Y señala que esta será la señal de pertenencia al grupo de los suyos: “En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros”. (Jn 13, 35). Probemos este camino y seremos de verdad felices.

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