Por Ramón Rodríguez Rangel

 

Más allá de las pasiones y los intereses político-partidistas debe de recuperarse la civilidad en la culminación de la competencia electoral, no debe ser la ley de la selva la que se imponga, ni las estrategias políticas fundadas en dejarle a los tuxpeños solo la opción de quién es menos peor y no el mejor.

En medio de un clima donde se está tratando de violentar el proceso electoral, donde un candidato a presidente municipal es asesinado en el distrito, donde los descalificativos en algunos medios degradan la competencia y donde la impunidad permite prácticas gansteriles, se acerca el día de la elección del próximo presidente municipal y Diputados locales y federales en Tuxpan.

En un ambiente previo a la votación lleno de signos de descomposición en la contienda política y la intervención de agentes extraños a la vida partidista en la región, le decimos un NO a la barbarie, rechazamos la violencia en cualquiera de sus modalidades,  física, verbal o psicológica, aspiramos a que en Tuxpan y el distrito avancemos un grado como civilización y no retrocedamos siglos o milenios en nuestro comportamiento como hombre natural sujeto a instintos animales.

No podemos apartarnos de la legalidad y la civilidad para darle lugar a la barbarie, a esa barbarie que la Real Academia de la Lengua Española define como falta de cultura y civilidad, con fiereza y crueldad.

La lucha histórica de las libertades puede ser entendida como el disenso, la inconformidad asumida frente a la negación de los valores del hombre.

Tampoco el que se aproveche del estado de necesidad de muchos sectores suburbanos y rurales para ser convertidos en mercancía electoral que se compra y que se vende, faltándoles a su más elemental dignidad, esas viejas prácticas destinadas a poner en la Alcaldía al mapache mayor, al mejor comerciante electoral o al gran traficante de personas, deben de erradicarse.

El respeto a la dignidad humana, la podemos entender como el respeto a la autonomía humana, a su libertad para pensar y decidir libremente.

No debemos permitir que sean los intereses que se conducen en las tinieblas los que determinen el resultado de la elección, debe ser el voto razonado y responsable el que decida quien merece ser el próximo presidente municipal de Tuxpan.

En la apuesta por una mayor civilidad en el proceso electoral, los medios de comunicación podemos aportar mucho más por el fortalecimiento de la democracia, de construcción de un ambiente de respeto para todos los participantes en la contienda, ya la ciudadanía conoce bien a los contendientes como para razonar su voto.

No se pueden fabricar perfiles en solo tres meses de campañas políticas, deformar en lugar de informar. Ni ángeles, ni demonios quiere la ciudadanía, se requiere personas con decencia, capaces de promover la gestación del desarrollo que necesita Tuxpan y la región para mejorar sustancialmente la calidad de vida de sus habitantes.

La política como la comunicación, deben rescatar su esencia como actividades para la vida buena de la comunidad, para la comprensión del otro o los otros, no para la defenestración de los que no piensan como uno o no coinciden con nuestros intereses. Sin  embargo, lo que vemos  en nuestro entorno no son símbolos civilizatorios. Fernando Vallespín, filósofo español, afirma en su libro El futuro de la política que “la política crece  en interés cuánto más se regocija en el escándalo y se aparta de las normas establecidas o lo políticamente correcto, porque afirma que el público es como el perro de Baudelaire, se siente más atraído por la porquería, que por el perfume.

Este domingo independientemente de quien gane la justa electoral, debe triunfar la civilidad contra la barbarie, la dignidad del pueblo, se debe advertir que somos más los que queremos vivir en paz en Tuxpan y aspiramos a estar mejor.

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