Por Ramón Rodríguez Rangel

Coincido con el Diputado Federal Tuxpeño Marco Antonio Medina Pérez, el asilo político a Evo Morales depuesto Presidente de Bolivia por un golpe de Estado Militar.

Independientemente de la ideología de Evo Morales es un ser humano y el asilo político es un protocolo de carácter internacional, más que un acierto, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador cumplió en ésta situación diplomática con su deber.

Nunca podremos estar de acuerdo con los golpes de Estado militares, un golpe de Estado acabó con el Gobierno democrático y revolucionario de Francisco I. Madero, matando el general usurpador al Apóstol de la democracia en México.

Un golpe de Estado Militar terminó con el Gobierno democrático socialista de Salvador Allende y su vida en Chile.

En Argentina una junta militar dio golpe de Estado también, arrojando desde lo alto de aviones a personas que pensaban diferente, los cuerpos amarrados de las manos caían indefensos al mar.

Centenares de libros y novelas dan cuenta de la época de terror que reprimió, torturó y desapareció a miles de disidentes durante los golpes de Estado en Latinoamérica.

Quienes piensan que ésos horrores ya se olvidaron se equivocan, permanecen en la memoria colectiva como advertencia de lo que romper el Estado de derecho puede ocasionar.

Como advertencia de que tenemos que preservar las instituciones civiles plasmadas en la Constitución, de que tenemos que seguir avanzando hacia un Estado democrático de derecho, privilegiando el interés social.

De que no podemos despertar el apetito por el poder en el sector militar, fomentando el conflicto con la autoridad civil, de que no debemos apartarnos del Imperio de la Ley, para no despertar al tigre que ya de entre ojos nos vé.

Share: