La Venganza de Pancho Villa

Por Pedro Paunero

Pancho Villa notó el interés que los reporteros y camarógrafos extranjeros ponían en sus movimientos, sus estrategias y sus batallas y se le ocurrió que, mientras ellos rodaban y enviaban a los Estados Unidos su material para ser exhibido en la pantalla grande a cambio de dinero, quien ponía las heridas y las muertes era él. Hizo entrevistar, entonces, a unos enviados suyos con los camarógrafos y les ofreció firmar un contrato a partes iguales a cambio de protección, caballos, escolta y alimentos. La única compañía interesada en el trato fue la Mutual Film Corporation, que tendría entre su personal más importante a Charles Chaplin, a través de su subsidiaria Keystone, y al director D. W. Griffith, el llamado “padre del cine moderno” y que fungiría como supervisor de producción de la posible película.


Fue en Ciudad Juárez donde se entrevistaron con Villa dos enviados de la compañía, el abogado Lessing y Frank Thayer, su representante. Villa obtuvo un adelanto de $25.000 dólares, y la promesa del 20% de los ingresos en taquilla, de la película que se titularía “La vida del General Villa” (The Life of General Villa, 1914), dirigida por Christhy Cabanne que sería auxiliado por el actor Raoul Walsh en algunas escenas, y a quien no se le acreditó como codirector (en la secuencia concerniente a la Batalla de Torreón) y que constituye uno de los Santos Griales del cine de la etapa silente, debido a llevar perdida más de un siglo y que se supone el primer documento cinematográfico en el mundo que incluía la auto interpretación de un personaje real en su escenario bélico natural.


Raoul Walsh actuaría como el joven Villa, un vengador de sus hermanas, tras haber sido una asesinada y la otra violada y raptada por los federales, siendo el mismo Pancho Villa quien se interpretaría a sí mismo, ya como adulto y en plenas acciones de guerra. Villa estaba ausente en la firma del contrato que se realizó el 5 de enero de 1914, en El Paso, por lo cual Eugenio Aguirre Benavides sirvió como su representante. Paco Ignacio Taibo II, en su magnífico libro “Pancho Villa, una biografía narrativa”, hace eco de las reacciones en los periódicos de la época. El New York Times, por ejemplo, publicó:

“El salvaje de Pancho Villa ha firmado un contrato para compartir ganancias con las imágenes de las batallas reales”.


El País, diario de la capital mexicana y que apoyaba el gobierno de Victoriano Huerta, no fue menos duro:

“La parte infame es que se especulará con sangre de mejicanos (sic).”


Durante la batalla de Ojinaga la Mutual estuvo presente con ocho camarógrafos y dos fotógrafos, también llegaron enviados de otras empresas que hicieron fotografías de los muertos para convertirlas, posteriormente, en macabras postales. Para albergarlos y trasladarlos Villa hizo acondicionar un vagón de tren. La exhibición de la película en Nueva York fue un éxito de público, pero no agradó a H. E. Aitken, su productor, ya que la cinta no mostraba absolutamente nada sobre la batalla en progreso y, en cambio, sí contenía escenas de Villa y sus hombres “posando mansamente”. Del material rodado y fotografiado para la película se encuentra una de las tomas más emblemáticas de Pancho Villa, aquella en la que aparece cabalgando y sosteniendo la rienda con la diestra, mientras la columna avanza a su lado.


Entre las leyendas surgidas en torno a la filmación de la cinta, está aquella que cuenta que Villa retrasó el asalto a Ojinaga para dar tiempo a los camarógrafos a posicionarse, lo que habría dado tiempo a los federales para recibir armas y fusilar prisioneros y que cambiaba asaltos nocturnos por diurnos para favorecer a las cámaras. Paco Ignacio Taibo II opina en su documentada obra que se trata de una historia falsa, surgida, con probabilidad, de la oficina de prensa de la Mutual en Nueva York y aparecida en el New York Times del 8 de enero de 1914. Así, entre las curiosidades del rodaje encontramos que, los uniformes y gorras militares con los que Villa aparece en numerosas y célebres fotografías, eran en realidad propiedad de la Mutual y le eran proporcionadas sólo para algunas de las escenas de la película y para hacer fotografías publicitarias. Raoul Walsh contaría posteriormente que para filmar a Villa cabalgando y luego frenando al caballo, había que gritarle la orden “¡despacio!” infinidad de veces, pues el General tenía la costumbre de pasar como una ráfaga ante las cámaras en acción. En cuanto a la batalla de Torreón, el material se estropeó y tuvo que ser rodado en estudio. “La batalla de Torreón” y “La vida del General Villa”, se estrenaron en el teatro Lyric de Nueva York y en la Sala Shubert, con cupo completo. Después no se supo nada más de la película. Uno de los experimentos y negocios más extraños que hiciera Hollywood alguna vez había por completo desaparecido.

Las vicisitudes de la búsqueda del material perdido son abordadas por Gregorio Rocha Valverde en su documental “Los rollos perdidos de Pancho Villa” (2003), que incluye material descartado, perteneciente a la colección Seffens de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y escenas que aparecen en la película “Revolución” o “La sombra de Pancho Villa” (1932) de Miguel Contreras Torres y que posiblemente pertenecieran a “La vida del General Villa” y habrían sido incluidas en estos títulos. El periplo de este investigador avanza a través de los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Dinamarca y Holanda y va desenterrando películas olvidadas sobre la Revolución Mexicana, filmadas, curiosamente, en países como Holanda, y fascinándose ante documentos cinematográficos que constatan que no solo fue Pancho Villa quien firmó con Hollywood, sino que también lo hicieron Victoriano Huerta y Álvaro Obregón, imitándolo para afectos de publicidad. En México, pues, se había descubierto al cine como medio de lucimiento personal.

Gregorio Rocha encuentra otras cintas desconocidas: “Pancho Villa en Columbus”, “El reinado del terror” y una compilación de compilaciones, en palabras de este documentalista, que no estaba registrada en la historia del cine, editada diestramente por los hermanos Félix y Edmundo Padilla y que transfiguraba una racista película estadunidense, titulada “Liberty” (Liberty, Daughter of the U.S.A. Jacques Jaccard y Henry McRae), que no dejaba bien parado al Villa histórico, en un alegato del pueblo mexicano, levantado en armas y guiado por el valiente General Villa, de ahí su título “La venganza de Pancho Villa”.

Estos artistas itinerantes del cine, que iban de pueblo en pueblo en un tiempo en que la contemplación de las imágenes en movimiento era novedosa en las zonas rurales, habían aprovechado todo el material sobre la revolución que cayera en sus manos, entre este, el de aquella cinta racista estadounidense, y lo habían montado, remontado, cortado y editado, para salvar el honor de los mexicanos y pasarlo en sus exhibiciones a través de la vasta geografía de los estados del norte en El Paso, Texas.

“La vida del General Villa” lleva más de un siglo desaparecida. Acaso se encuentre alguna copia en alguna cineteca o filmoteca de algún país, o quizá yazca enterrada entre las pertenencias de algún coleccionista en un polvoriento ático o buhardilla. Esta es la esperanza de los cinéfilos, los historiadores y los investigadores cinematográficos y la historia demasiado buena para dejarla pasar: un General real prestándose para el juego del cine, siendo actor y protagonista, al grado que el Canal HBO encargara a Bruce Beresford dirigir este episodio que pasa de ser una simple anécdota de la Revolución Mexicana o de cualquier otro hecho de armas.

El resultado fue “Pancho Villa como él mismo” (And Starring Pancho Villa as Himself, 2003), cuyo papel protagónico, el de Villa actor, hombre de guerra y hombre de honor, es decir, un ser, a ojos simples, contradictorio, cambiante y altamente adaptable a las circunstancias, recayó en Antonio Banderas. La película es el típico producto televisivo, con una calidad media, mucho de ficción y algo de trasfondo histórico.


Tras ver el documental de Rocha Valverde llegamos a una triste conclusión. Así como el 80% de la producción total del cine mudo fue incinerado, una vez que había sido exhibido y explotado comercialmente, para recuperar la plata que impregnaba la cinta, la película “La vida del General Villa” debió haber corrido la misma suerte, cuando los cruentos años de la Revolución Mexicana se habían enfriado en el interés de los estadounidenses quienes, tras el ataque de las tropas villistas a Columbus, ya habían creado, a través de la Mutual, otra filial, la Mexican War Pictures, que rodara “The Outlaw´s Revenge”, en la que Villa ya había sido convertido en una furia vengativa y en un vulgar forajido.

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