Winnie the Pooh, censurado en China por las comparaciones con Xi Jinping

Internautas y disidentes usan el personaje de Disney para mostrar su descontento con el mandatario

Por Xavier Fontdeglòria/El País

La nueva película de Winnie the Pooh, Christopher Robin, no se verá en los cines de China. Su ausencia de las pantallas no ha sido oficialmente justificada, pero a nadie se le escapa que el tierno osito amarillo está en el punto de mira de los censores desde hace años, cuando los internautas empezaron a compararlo con su presidente, Xi Jinping. Su posterior uso por parte de algunos activistas y disidentes para mostrar su descontento con las autoridades, unido al creciente culto a la personalidad del líder chino, han convertido a Winnie the Pooh en una suerte de paria para Pekín.

Las comparaciones entre este personaje de dibujos animados y Xi Jinping se remontan al año 2013, cuando el presidente chino visitó a Barack Obama en Estados Unidos. Una imagen de los dos líderes paseando fue comparada de inmediato con la del osito y su amigo Tigger. El tono jocoso de ese día en las redes sociales se repitió en otras ocasiones, con otros líderes como el primer ministro japonés Shinzo Abe, al que los avispados internautas le encontraron un parecido razonable con Ígor, el burro tristón que también forma parte de las aventuras de Winnie the Pooh.

Con ya de por sí muchos recelos a cualquier comentario jocoso sobre Xi, las autoridades terminaron por condenar al osito cuando algunos activistas políticos y disidentes lo utilizaron para expresar su descontento. Cuando este año se modificó la Constitución china para eliminar el límite máximo de dos mandatos consecutivos para el presidente, algo que en la práctica perpetúa a Xi en el poder, algunos internautas —a sabiendas de que cualquier comentario negativo explícito al respecto sería automáticamente eliminado— recurrieron de nuevo a Winnie the Pooh, en este caso compartiendo una imagen del oso abrazado a un enorme bote de miel con la frase Encuentra lo que amas y nunca lo sueltes.

China permite cada año un máximo de 34 películas extranjeras en sus pantallas. Los grandes taquillazos de Hollywood generalmente son proyectados, pero obviamente muchos otros filmes se quedan sin sitio en el lucrativo mercado del país. China nunca justifica por qué acepta unas cintas y no otras, y en esta ocasión tampoco lo hizo, según informaron fuentes del estudio a Reuters. En lo que va de año Pekín solamente había rechazado a Disney Un pliegue en el tiempo, mientras ha aceptado Ant-Man y la Avispa.

Hablar del presidente chino en términos que se alejen de la versión oficial es cada vez más difícil en China. Xi Jinping ha amasado un enorme poder en el Partido Comunista a través de arrinconar a facciones rivales y eliminar a varios contrincantes políticos que han sido víctimas de la amplia campaña anticorrupción. La propaganda china ha fomentado un enorme culto de personalidad hacia su figura que algunos han comparado con la que se formó alrededor de Mao Zedong. Este empeño parece haberse relajado ligeramente en las últimas semanas, pero las referencias sobre él y su recién inaugurada “nueva era” son ubicuas en las ciudades de todo el país y en los medios de comunicación.

La poca tolerancia de China con las bromas hacia Xi volvió a resurgir este junio, cuando Pekín decidió bloquear la página web de HBO. Unos días antes, en el programa Last Week Tonight de esta plataforma estadounidense, el presentador John Oliver había hecho un gag sobre las “horas extras” que los censores chinos debían haber trabajado para eliminar de las redes todas las comparaciones de Xi con Winnie the Pooh, ahondando en la pérdida de libertad de expresión en el país. El sofisticado sistema de censura china hace inaccesible un gran número de páginas web y contenidos; desde redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube o Instagram hasta medios de comunicación como EL PAÍS.

Winnie the Pooh e Ígor, comparados con Xi Jinping y el primer ministro japonés, Shinzo Abe.
Winnie the Pooh e Ígor, comparados con Xi Jinping y el primer ministro japonés, Shinzo Abe. GETTY/DISNEY

En la particular lista negra de Pekín hay también nombres específicos del mundo del cine como Richard Gere o Harrison Ford, que han mostrado su simpatía con el Dalai Lama y la independencia del Tíbet. Esto no significa que películas protagonizadas por ellos no puedan verse en las plataformas en línea, sino que estos actores tienen de facto prohibida su entrada al país. Brad Pitt, por ejemplo, estuvo prácticamente dos décadas sin poder pisar territorio chino tras protagonizar Siete años en el Tíbet. La restricción se amplía también al mundo de la música con artistas como Madonna o Katy Perry, vetadas después de envolverse en la bandera de Taiwán, isla que China considera parte inherente de su territorio.

Los ciudadanos chinos, sin embargo, siguen teniendo en su mano vías para disfrutar de Winnie the Pooh, alejado —eso sí— de cualquier connotación política. El catálogo de artículos protagonizados por él y sus compañeros de aventuras es amplio en las tiendas en línea y la ficción tiene su propia atracción en el parque de Disney en Shanghái. En cuanto al nuevo filme, en escasas semanas podrá adquirirse fácilmente en las tiendas especializadas en películas pirateadas.


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