La Escuela es Nuestra: Empoderar a la gente
Por Marco Antonio Medina Pérez

 

La democracia fue una de las memorables aportaciones de la cultura griega, de la que nos asombran aún todos los bienes legados a la humanidad en filosofía, arte y ciencia.

La complejidad del mundo moderno hizo complejo también el desarrollo de la democracia. Una diferencia sustancial entre las experiencias de la democracia en sus orígenes y el mundo actual está en la dimensión de pueblos, ciudades o naciones que abarcaba esa forma de gobierno en tiempos antiguos, que en términos cuantitativos no estaban conformados por los cientos de miles o millones que abarca una nación actualmente.

Recordemos que la “polis” griega estaba conformada por unos cuantos cientos o algunos miles de ciudadanos con poder de decisión. La forma de elección de los funcionarios y magistrados que estarían al frente del gobierno era muy básica, pero pronto hubo necesidad de inventar procesos que primero fueron de selección y luego de elección. Se seleccionaba por medio de la insaculación (sustraer del saco las tablillas de los elegidos, es decir, un sorteo) o por medio de la elección (por voto negativo de los que no se quería que estuvieran al frente del gobierno).

Las sociedades modernas desarrollaron la democracia representativa (elección de representantes que deciden por todos los demás) para reflejar el interés y las decisiones de todos. Las variantes que ha adquirido esta democracia son tan complejas como las sociedades han llegado a ser en la actualidad. Pero muy lejos quedó el ejercicio directo en las decisiones pública del Estado. Las decisiones quedaron cada vez más lejos de los ciudadanos y se empoderó a los representantes de éstos, llámense alcaldes, diputados, gobernadores…

Hoy en México, el proceso de transformaciones que estamos viviendo, el que se denomina para simplificarlo la 4T, tiene como propósito desarrollar la democracia directa y participativa, es decir, sin renunciar a la representativa, darle un nuevo impulso a formas y medidas de participación más directas.

En ese propósito se inscribe, por ejemplo, el programa “La escuela es nuestra” que, concebido como tantos otros para abatir la corrupción en las políticas públicas aplicadas a los problemas sociales, en este caso, el mantenimiento y remozamiento de escuelas, también lleva en sí el germen de una nueva forma de decisiones en donde se concreta la democracia directa y participativa.

En este programa los padres de familia de una comunidad escolar, sea del jardín de niños, de la primaria o la secundaria, reciben recursos directos del Estado mexicano para mejorar sus escuelas, los administran, hacen las contrataciones que correspondan, supervisan y rinden cuentas ante directivos, profesores y escolares. Se nombra un comité ex profeso y una tesorera, invariablemente mujer, para llevar a cabo este ejercicio de presupuesto participativo.

Con ello se le da vuelta al derroche que había antes, en donde las empresas contratadas no hacían las obras, las dejaban inconclusas o deficientes, y había una cadena de mandos burocráticos y empresariales que se quedaban con parte del botín, que así eran considerados los enormes recursos que se destinaban año con año a reparar y mejorar las escuelas públicas del país. 

En México, la usanza de los tiempos pasados impedía el avance de la democracia porque se constreñía sólo a la democrática representativa. Ahora, en los nuevos tiempos de la 4T se combate la corrupción de manera frontal y al mismo tiempo se empodera a la gente, que de eso se trata finalmente, hacer de la democracia directa y participativa un ejercicio de poder ciudadano para que ya nunca más queden éstos al margen de las decisiones comunitarias que les corresponden. Con ello se profundiza la democracia que es “gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo”. Hacia allá vamos.

marco.a.medinaperez@gmail.com

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