Han pasado cinco años desde que Gabriel García Márquez partió a Macondo. El reconocido autor colombiano falleció el 17 de abril del 2014 y con él se cerró uno de los más aclamados (y populares) de la literatura latinoamericana.

La popularidad del autor no se ha reducido con el paso de los años, como lo demuestra la adaptación que prepara Netflix de su obra cumbre: Cien años de soledad, de la que el cineasta Reyes Bercini, decano del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), nos comentó no tendrá contentos a los “los puristas que se van a quejar de la adaptación, pero millones de personas podrán ver un capítulo cada noche, y estar contentos y luego buscar el libro. La novela tiene más que ganar que perder. Al libro ya nadie le quita nada”.

Con motivo del aniversario de su muerte, les dejamos cinco datos poco conocidos sobre la vida del ganador del Premio Nobel de Literatura 1982.

Basado en hechos reales

Gracias a su trabajo como periodista y a su prodigiosa memoria, muchos de los trabajos literarios de Gabriel García Márquez están inspirados por la realidad, aunque la magia siempre logre meterse entre las anécdotas. Un gran ejemplo de esta unión entre lo literario y lo real es Crónica de una muerte anunciada, donde la lectura inicia con un anuncio: el protagonista está muerto.

La historia que inspiró a Márquez aconteció en 1952 y el asesinado en cuestión era amigo suyo. Todo sucedió cuando el escritor era periodista, sin embargo la familia del difunto le pidió no publicar nada al respecto. 27 años tardó ‘El Gabo’ en poner darle forma al relato.

Primero cineasta

Antes de alcanzar la fama como escritor, Gabriel García Márquez era un joven interesado en uno de los grandes artes de su tiempo: el cine. Su afición, como se demostró años después, lo llevó a estampar su firma en más de un guión (como En este pueblo no hay ladrones y El gallo de oro).

En 1954, un año antes de publicar La hojarasca, su primera novela, el colombiano participó en la producción de La langosta azul, un cortometraje de tonos surrealistas que co-dirigió junto al también escritor Álvaro Cepeda Samudio. Se filmó en Barranquilla y cuenta con la participación del pintor Enrique Grau y el fotógrafo Nereo López.

Pueden verlo a continuación:

La adaptación prohibida

A lo largo de sus días el Nobel negó una y otra vez aceptar adaptar su obra más popular a cualquier formato audiovisual. Para él, era imposible hacerle justicia a los temas y extensión de Cien años de soledad en otro lenguaje ajeno a la palabra escrita. La adaptación de Netflix llegó años después de su muerte, por ejemplo.

Sin embargo, en vida un cineasta osó retar los deseos del patriarca literario… y se salió con la suya. La Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Cannes acogió en 1985 La despedida del arca (Saraba hakobune), del cineasta japonés Shûji Terayama.

El nipón, considerado uno de los autores cinematográficos más importantes de su país, retomó los puntos principales de la novela y los llevó al Japón rural sin la aprobación de Márquez.

Un saludo a su ídolo

Era 1957 y una bella primavera se adueñó de las calles de París. Gabriel García Márquez se encontraba en el lugar, paseando y nutriéndose del bohemio ambiente de parisino, como lo hicieron muchos autores latinoamericanos esos años.

El colombiano siempre citó entre sus inspiraciones más grandes a varios autores, como Franz Kafka, Ruben Dario, William Faulkner, Virginia Woolf, James Joyce y Ernest Hemingway. Tuvo oportunidad de conocer a éste último esa primavera parisina del 57.

Según contó Márquez en vida, vio al escritor estadunidense paseando con su esposa, Mary Welsh, por el boulevard de Saint Michel. El autor de El amor en los tiempos del cólera tenía 28 años, aunque por su poco dominio del inglés no se atrevió a abordar de lleno a Hemingway. Optó por gritarle “¡maestro!” y recibió como respuesta un alegre “¡adiós, amigo!”.

Nunca se volvieron a ver.

“Ahí tiene, para que aprenda”

1960. Habían pasado cinco años desde la publicación de su primera novela, no obstante, para Gabriel García Márquez dedicarse de lleno a la literatura todavía parecía lejano, aunque había dado pasos seguros en esa dirección.

El escritor contaba con espacios en El Universal y El Espectador, además de tener lista la crónica Relato de un náufrago. A pesar de eso, la seguridad de su pluma todavía flaqueaba. Todo cambió gracias a la intervención de su amigo Álvaro Mutis.

Según contó Márquez en más de una ocasión, el poeta colombiano se le acercó un día de 1960 para entregarle una copia de Pedro Páramo, la seminal novela de Juan Rulfo, además de aprovechar la ocasión para decirle: “ahí tiene, para que aprenda”.

El descubrimiento cambió la vida de Gabo y le dotó de ideas frescas a su pluma. Márquez aseguró que leyó el libro más de una vez, quedó encantado de la prosa de Rulfo y los ecos de su literatura lo acompañaron desde entonces.