Caza humana al coronavirus en China

Con cámaras de reconocimiento facial y recompensas, la Policía busca por todo el país a los naturales de Hubei, epicentro en cuarenta de la epidemia, por si están enfermos
Por Pablo M. Díez/Abc Sociedad

«Los que han vuelto de Hubei y no lo han comunicado son bombas de relojería». Con grandes caracteres blancos sobre fondo rojo, las pancartas de la propaganda que cuelgan por todos lados anuncian la nueva guerra que libra China estos días. Si en la época de Mao era contra el capitalismo, ahora lo es contra el coronavirus y la epidemia de neumonía, que llevaba anoche más de 24.000 infectados y 490 muertos, contando uno en Hong Kong y otro en Filipinas.

Aunque cambien los tiempos y el enemigo, el lenguaje y la estrategia siguen siendo igual de militares. Además de cerrar la provincia entera de Hubei, donde se originó la enfermedad y viven casi 60 millones de personas, las autoridades han lanzado una feroz caza contra todos aquellos que salieron de allí antes de la cuarentena. Solo de Wuhan, la capital provincial, se calcula que se marcharon cinco de sus más de once millones de habitantes.

Aprovechando que China dispone del mayor sistema de control y vigilancia del mundo, que utiliza cámaras de reconocimiento facial y la más avanzada tecnología en «Big Data», la Policía los busca para comprobar su salud. Si están infectados por el coronavirus, son aislados de inmediato. Si no, puestos en cuarentena dos semanas a la espera de ver si caen enfermos o no. Para localizarlos, no hay más que seguir su rastro a través de billetes de avión o tren (que en China hay que comprar con el carné de identidad), reservas de hotel y, por supuesto, tarjetas de crédito, llamadas de teléfono y fotos y comentarios en las redes sociales.

Por si todo esto falla, siempre se puede recurrir a la antigua usanza, que para eso China es también el país con mayor número de voluntarios,informantes o simplemente chivatos al servicio del Gobierno. Las comisarías y comités de barrio tienen registrados a los vecinos y, estos días, han aumentado sus controles en busca de naturales de Hubei o viajeros que hayan visitado esa provincia recientemente.

El problema es que, aunque estén sanos, han quedado marcados por el estigma del coronavirus y son mirados con recelo en cuanto dicen que son de Wuhan o Hubei. Por las redes sociales chinas circulan vídeos y fotos de familias con parientes en dicha provincia que han sido encerrados en sus casas a modo de «cuarentenas forzosas». Con la presencia de la Policía, sus puertas han sido bloqueadas con hierros y trancas para que no puedan salir. Si lo hacen, algún vecino se encargará de denunciarlos.

En los pueblos, además de montar barricadas para que no entre ningún forastero, y mucho menos si viene de Hubei, los vecinos hacen guardia día y noche. A veces ponen tanto celo que impiden el acceso incluso a los cuadros del Partido Comunista, como le pasó hace unos días al secretario provincial de Jiangsu en una inspección sobre el terreno. Por los altavoces, mientras tanto, suenan llamamientos a los vecinos con familiares de Hubei para que se queden en sus casas. Si se atreven a salir, los rodea una turbamulta enfurecida que los insulta y amenaza como si fueran los tiempos de la «Revolución Cultural».

Si entonces lo hacían en nombre de Mao, ahora es por la salud. Pero los métodos son los mismos y las autoridades hasta ofrecen recompensas a quien informe sobre alguien de Hubei que no se haya registrado todavía en los centros de cuarentena. Según publica el «Diario del Pueblo», el precio oscila entre los 1.000 y 2.000 yuanes (entre 130 y 260 euros) que se pagan en la ciudad de Shijiazhuang a los 3.000 yuanes (388 euros) que vale la delación en Yulin, en la provincia de Shaanxi.

La epidemia no solo ha puesto de rodillas a China, paralizando el país y destapando sus carencias sanitarias, sino que amenaza al régimen del Partido Comunista. Con la ocultación inicial del brote y la tardía respuesta posterior, admitida por las autoridades locales, se ha roto el contrato social vigente en China, que imponía un sistema autoritario a cambio de progreso económico y estabilidad. Además, ha dañado mucho la imagen del presidente Xi Jinping, que antes era omnipresente pero lleva varios días sin aparecer en los medios estatales. Aunque Xi ha acumulado todo el poder, sus planes para perpetuarse podrían quedar en entredicho si no consigue contener pronto la epidemia.

«El brote es una prueba de peso del sistema de China y su capacidad de gobierno, y debemos asumir la experiencia y aprender una lección de ella», dijo Xi Jinping el lunes por la noche en un encuentro del Comité Permanente del Politburó, según recoge el periódico oficial «Global Times» pero sino mostrar imágenes suyas. Además de ordenar la mejora del sistema sanitario, mandó fortalecer la producción de bienes básicos para estas emergencias.

Mientras tanto, el Ministerio de Seguridad Pública anunció durísimas medidas relacionadas con el coronavirus, como prohibir en lugares públicos a sus infectados o difundir información que amenace al Estado. Precisamente, el primer médico que alertó en diciembre sobre una nueva enfermedad en Wuhan, el oftalmólogo Li Wenliang, fue obligado por la Policía a retractarse y está ahora ingresado en un hospital. Si le hubieran escuchado, quizás no haría falta hoy cazar al coronavirus.

 

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