Garbo o el arte de engañar a Hitler y ser aplaudido por el Tercer Reich

Joan Pujol se convirtió en un personaje decisivo para el desenlace de la II Guerra Mundial
Por Lara Gómez Ruiz / La Vanguardia

Fue la única persona implicada en la Segunda Guerra Mundial que logró ser condecorada por los dos bandos de la contienda. Pero esta no fue su única hazaña. De su larga y peculiar lista, probablemente la más importante fuera hacer posible el Día D. Y todo gracias a sus tretas y a su ingenio. Nos referimos a Garbo o, lo que es lo mismo, Joan Pujol, el espía que logró engañar al mismísimo Hitler.

Con motivo del 75º aniversario del Desembarco de Normandía, este pasado jueves sus hijos estrenaron una página web en la que, además de su biografía, se hallan manuscritos escritos de su puño y letra e incluso los ya desclasificados archivos del servicio de contraespionaje británico que detallan la relación entre Garbo y las dos potencias enfrentadas.

La familia de Joan Pujol ha publicado una web en la que aparecen archivos del servicio de contraespionaje británico que detallan la relación entre Garbo y las dos potencias enfrentadas

La pregunta parece evidente. ¿Cómo llegó un catalán a tener una vida que ni el mayor guionista de Hollywood hubiera podido inventar? Empecemos por el principio. Nacido en 1912, Pujol era hijo de un industrial que luchó a favor del lado nacionalista en la Guerra Civil. Él mismo también fue llamado a filas del bando republicano pero desertó en el frente del Ebro para unirse a los nacionales. No obstante, el fervor no le duró demasiado. Eso sí, se prometió a sí mismo y a su mujer Araceli, con la que se casó en 1940, que se implicaría personalmente en la causa de la libertad.

Y no lo decía a broma. Pocos días después de tomar esa decisión, se plantó en la embajada británica de Madrid y se ofreció como agente. Pero no le hicieron demasiado caso y desestimaron su petición. Su empeño le hizo no tirarse para atrás, aunque eso supusiera colaborar con el bando contrario. Se hizo pasar por un funcionario del Gobierno español con ideas franquistas y entusiastas con el nazismo. La Abwehr dudó en un primer momento pero acabó mordiendo el anzuelo. Lo cierto es que necesitaba con urgencia agentes para informar del movimiento de los buques aliados, así que su predisposición se aceptó de buen grado.

Pese a estar en Lisboa, Garbo hizo creer a los alemanes que realmente estaba en Gran Bretaña y urdió una trama de viajes y misiones falsa por todo el país

Una vez ya metido en el papel, se marchó a Lisboa. No obstante, hizo creer a sus superiores de que realmente estaba en Gran Bretaña. ¿Cómo? Se documentó hasta el más mínimo detalle gracias a una copia de la Guía Azul de Inglaterra, una obra de la Royal Navy, una guía de ferrocarriles, y algunas revistas encontradas en la biblioteca local. Así, urdió una trama de viajes y misiones falsa por todo el país. Su conocimiento específico de ello, engañó a los nazis, que realmente pensaron que Garbo se encontraba en el terreno. Su capacidad como actor impresionó a los ingleses, y los superiores del MI5, esta vez sí, decidieron darle una oportunidad como agente doble.

Para que no sospecharan, de vez en cuando mandaba información genuina a la Abwehr, que creían ciegamente en sus palabras. Precisamente gracias a esa confianza fue como logró su gran objetivo: hacer creer al alto mando nazi que el Desembarco de Normandía sólo era una operación de distracción para ocultar el verdadero desembarco, que se produciría en el Paso de Calais. Pese a que luego se demostró que no fue así, los alemanes siguieron confiando en sus informes.

Cuando la guerra terminó, simuló su muerte y se marchó con su mujer y sus tres hijos a vivir a Venezuela ante el miedo a ser descubierto por los nazis. En 1947 el matrimonio se separó y Araceli regresó a España con los niños, que prefirió pasar desapercibida y no explicar su pasada vida. Tampoco se enteró de nada la nueva familia venezolana de Garbo de su anterior vida hasta que en 1984 el historiador militar Nigel West lo rescató del olvido. Cuatro años después, moriría en Caracas con el consuelo de haber podido salir al fin del anonimato.

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