Son lo que dicen

Por Andrés Timoteo/Texto Irreverente

SON LO QUE DICEN

Siempre se ha comparado al PRI con un ‘dinosaurio, pero dadas las circunstancias de quienes ocupan el poder oficial habrá que sustituir al animal prehistórico por uno más actualizado: el burro –con una disculpa anticipada para los borricos de cuatro patas- pues tanto el despachante de Los Pinos como sus hombres más cercanos, entre ellos el que quiere dejar como sucesor son ejemplos de analfabetas funcionales.

El analfabeta funcional es aquel individuo que, en teoría, sabe leer y escribir, pero que no lee ni escribe. De Enrique Peña Nieto todos saben de su repulsa a la lectura, su escasísima cultura general y sus taras para generar ideas cuando no tiene enfrente a un teleprónter, que es una pantalla electrónica donde va leyendo  lo que debe decir  frente a las cámaras de televisión. Ya no se diga los ridículos a la hora de usar un lenguaje extranjero.

Peña Nieto ha desdorado la imagen tradicional del priísta marrullero que sabía hacer de la retórica un instrumento para simular sus deficiencias. Ha llegado al grado de no poder pronunciar una palabra ni en ingles ni en español, confundir lugares y hasta degradar verbos.  El “volvido” que pronunció en diciembre ante la asamblea de la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en París, Francia, fue una perla negra.

Pero tal es la cabeza como tal son los pies. Antes, su secretario de Educación durante una feria del libro infantil –el colmo de los colmos- Aurelio Nuño,  fue corregido por un niño porque pronunciaba “ler” en lugar de “leer”. A la vista de especialistas en el manejo de lenguaje  eso es una muletilla de los perezosos mentales y pobres de léxico. Los ‘niños bien’ que desprecian la cultura básica porque en su mundillo no les sirve. Ese es quien durante cinco años fue el responsable de la formación académica de los mexicanos.

Afortunadamente ya no está en la SEP, fue sustituido en diciembre pasado por el exgobernador de Aguascalientes, Otto Granados Roldan, ese sí un ‘dinosaurio” y no un ‘burro’ pese a todo el historial negro que arrastra. Nuño se fue a hacer la yunta –porque se habla de bueyes, en el sentido figurado- con quien era secretario de Hacienda del gabinete peñista y ahora es (pre) candidato del PRI a la Presidencial, José Antonio Meade.

Pese a ser un Itamista de alcurnia –o sea egresado del elitista Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)-  y presumir un doctorado en la Universidad de Yale, Estados Unidos, Meade es un orejón con traje Armani. La semana pasada durante un mitin realizado en Hidalgo, el priísta afirmó, micrófono en mano y ¡ante maestros!: “esos seis retos los hemos ‘resolvido’ de manera adecuada”. Además tuvo la osadía de presumir que era aficionado a la lectura, lo que es una gran mentira pues quien lee se instruye  y sí Meade leyera en verdad jamás hubiera dicho “resolvido” en lugar de “resuelto”.

Después el priísta quiso darle la vuelta a la pifia difundiendo un video en el cual aparece redactando una plana, como escolar, con la frase “se dice resuelto, no resolvido”, lo que en lugar de ayudar le perjudica. ¿Quién quiere a un presidente que a estas alturas de su vida tenga que hacer planas de primaria para corregir su vocabulario? La broma no funcionó, dio más pena que gracia.

Pero no hay que pasar de largo esas expresiones, sobre todo ahora que habrá que elegir al próximo dirigente de la nación. Lo de Peña Nieto, Nuño y Meade no son equívocos sino una forma de vida. Hay un libro muy interesante del psicólogo y lingüista norteamericano Matthew Budd sobre el manejo del lenguaje, “You are what you say” (Eres lo que dices) que ha servido durante casi veinte años de soporte para programas de entrenamiento personal y en buena parte, en proyectos de imagen pública individual o  institucional. –

En una parte se expone –palabras más, palabras menos- que el individuo en su estado puro saca por la boca la esencia de su ser. Entonces, lo que dice Meade es lo que es. ¿Puede cambiar?, si por supuesto, con entrenamiento y alfabetización, pero ya es tarde para él porque en cinco meses son las elecciones y los mexicanos no se pueden dar el lujo se sentar en la silla presidencial a otro jumento –con todo el respeto para los de cuatro patas-.

VENTRILOQUIA

Tampoco los veracruzanos pueden darse el lujo de elegir a un rebuznante para la gubernatura. Deprime escuchar al (pre) candidato de Morena, Cuitláhuac García cuando habla pues  no le hace honor a su profesión de académico de la UV. Hombre sin ideas propias y sin la retórica básica –vaya, ahí hasta el priísta José Yunes le gana-. Por ejemplo, ayer en Jalapa,  los compañeros reporteros le preguntaron sobre su propuesta para resolver el problema de la inseguridad. Su respuesta fue entre el  intríngulis y el cantinfleo.

“Lo que hay que hacer es muy simple, darle una forma honesta de vivir a la gente, sino le das una forma honesta de vivir a la gente vamos a tener esa presión social en la que los jóvenes terminan en la delincuencia juvenil (sic), terminan escalando sus (sic) niveles de delincuencia y capturados por la delincuencia organizada. También vamos a darle a los policías una forma honesta de vivir y vamos atender al campo, que obviamente involucra llevar el estado (sic)  a esos esfuerzos (sic), todo esto forma parte del plan integral de seguridad”.  ¿Qué quiso decir?

Es evidente que sin Andrés Manuel López Obrador haciendo ventriloquia –hablando por él- el señor García Jiménez no tiene discurso ni propuesta. Necesita esa muletilla, recuerden que en el 2016 tuvo que andar cargando un monigote de cartón con la fotografía del tabasqueño para sentirse seguro en sus mítines. No se equivoquen, aun con el titulo de maestro y los estudios de postrado en el extranjero, Cuitláhuac García también  es un analfabeta funcional. Lo exhibe sin pudor.

Por cierto, ayer se incorporó el exalcalde jalapeño Rafael Hernández Villalpando a Morena, fue presentado por el propio Cuitláhuac García. Se especula – con buena o mala intención, según el ángulo- que en los próximos días también se unirán a ese partido Ranulfo Márquez, el operador electoral estrella de la fidelidad, y  otro exedil jalapeño, Reynaldo Escobar Pérez. De miedo tal versión, ¿no?

Envoyé depuis Paris, France.

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