Por Pedro Paunero

El cine filmado en Tuxpan, Veracruz, cuenta con poco más de una docena de títulos, de calidad bastante irregular, está conformado en su mayoría por películas de infausta memoria, que usaban como fondo la ciudad o algunas zonas específicas de la ciudad y alrededores, para sus fines narrativos. Al parecer, la primera cinta rodada en locaciones tuxpeñas fue “La industria del petróleo” (1920), realizada por las pioneras del cine mexicano, las hermanas Adriana y Dolores Elhers, veracruzanas de nacimiento, que habían estudiado fotografía en Boston, Massachusetts, becadas por el gobierno de Venustiano Carranza para, posteriormente, trabajar en los Champlain Studios, producir filmes educativos para el ejército estadunidense y concluir sus estudios en producción cinematográfica en la Universal Pictures Company en Jacksonville, y a quienes se les concedió la jefatura del Departamento de Censura así como el de Cinematografía a su regreso a México.

Las hermanas estaban comisionadas por el gobierno revolucionario con el expreso mandato de censurar las películas americanas que se consideraban ofensivas para el pueblo mexicano. Como parte de esta labor se les encomendó la tarea de recorrer el país y filmar aspectos positivos que resaltaban la cultura nacional. Una vez despedidas de sus cargos, tras el asesinato de Carranza, rodaron el documental que nos ocupa para la International Petroleum Company en coproducción para la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, no sólo en Tuxpan sino también en el puerto de Veracruz y Tampico, Tamaulipas, donde la compañía realizaba sus labores y que fuera exhibido, dos años después, en los Estados Unidos.

Alejandro Galindo, responsable de llevar a la pantalla una de las obras maestras de la cinematografía nacional, “Campeón sin corona” (1945), filma en contraste, en Tuxpan, el drama bananero “Konga roja” en 1943, una de sus más irregulares cintas. Ni Pedro Armendáriz, en el papel principal, ni María Antonieta Pons, ni la consabida melcocha musical, relleno habitual en películas de la época, y cantada por Toña la Negra, salvan la producción en la que se suponía reflejado un conflicto social.

Las feraces márgenes del río Tuxpan, así como los esteros y las, hace décadas, extensas manchas de vegetación selvática, ofrecieron adecuado marco para algunas producciones. El clásico literario, de difícil y engorrosa lectura, del colombiano José Eustasio Rivera, “La vorágine”, fue llevado a la pantalla por Miguel Zacarías en 1949, con el título de “La vorágine, abismos de amor”, con locaciones en la finca Palma Sola, así como varios títulos de escaso o nulo valor artístico: “La fierecilla del puerto” (Alfredo B. Crevenna, 1963), rodada, en parte, en Tuxpan y el puerto de Veracruz; “Adiós, amor” (Abel Salazar, 1973), mezcla de drama y thriller con guion de Paco Ignacio Taibo II, rodada también en Huauchinango, Puebla y la Cd. de México; el mexploitation “El tráiler asesino” (1985), con Mario Almada, rodada, a la vez en Morelos, Topilejo, la Cd. de México y el puerto de Veracruz, y dirigido por Alfredo Gurrola, director de la película de culto “Llámenme Mike” (1979), esa fabulosa parodia del cine negro; el melodrama de corte social “Los tres gallos” (José Luis Urquieta, 1991), filmado, aparte de Tuxpan, en Papantla y la playa de Tecolutla; la horrible versión de la novela corta de Luis Spota “Vagabunda” (Alfonso Rosas Priego II, 1994) con una pésima edición; “Jóvenes amantes” (Juan Fernando Pérez Gavilán, 1997), cruce melodramático entre “Romeo y Julieta” y el cuento de la Cenicienta pero invertido, en el cual un joven y pobre pescador, Ricardo (Luis Gatica), se enamora de la niña rica y tuxpeña Juliana Samaniego Fontait (Marisol Santacruz) así como “Tuxpan, casta de pescadores” (Guillermo Quintanilla, 2006), otro melodrama amoroso y triangular con un supuesto trasfondo social.

Un ingeniero petrolero, atormentado por el recuerdo de un amor “impuro” del pasado, para él personificado en otra mujer de su presente, sitúa su desesperación en ciertos lugares de la geografía tuxpeña en la cinta “La hermana impura” del año 1947, dirigida por Miguel Morayta. La segunda versión del clásico de Arcady Boitler, “La mujer del puerto”, basada en una novela de Guy de Maupassant, que desde 1934 figura entre las mejores películas mexicanas, fue filmada en 1949; el papel de Rosario, la mujer que “vende placer a los hombres que vienen del mar”, interpretado originalmente por Andrea Palma, correspondió en esta ocasión a María Antonieta Pons y fue dirigida por Emilio Gómez Muriel; algunas locaciones tuxpeñas sirvieron para ambientar esta historia que trascurre en prostíbulos y muelles. En 1952 Juan José Ortega lleva al cine la adaptación que, de la obra de Caridad Bravo Adamas, hiciera José Revueltas, “La mentira”, cuya historia cubana también tiene un paisaje tuxpeño (el estero de Tenechaco). El gran Roberto Gavaldón, máximo exponente del Cine Negro en México, verdadero “auteur” del cine nacional, rueda “El niño y la niebla” en 1953, melodrama con cierta ambientación gótica y estupenda fotografía (varias escenas tienen como fondo los fantasmales quemaderos de gas), con una trama en la cual la locura hace presa de Marta (Dolores del Río), esposa de Guillermo Estrada (Pedro López Lagar), exitoso ingeniero petrolero, inventor de una barrena de perforación, dato que resaltaba la autosuficiencia de esa industria mexicana en aquellos tiempos, en una Poza Rica primitiva, cruceteada por los campos petroleros y en algunas zonas de Tuxpan. En 1972 Arturo Martínez dirige “Tampico”, con Julio Alemán y Norma Lazareno en los papeles principales. El duelo, que por el amor perdido, culmina en alcoholismo, impregna la trama que, a pesar del título, también se filmó en pleno centro de la ciudad de Tuxpan.

El director de la telenovela “La fea más bella”, Armando Quiñones, llega a ciertas zonas prístinas de las playas de Tuxpan para dirigir, en 2008, “La virgen de la Caridad del cobre”, esa historia sobre una aparición divina a los balseros cubanos cuatro siglos antes. El año 2011 Mauricio Walerstein adapta la novela de Federico Reyes Heroles “Canon (Fidelidad al límite)”, una historia al borde del milenio, que se desarrolla en las bellas locaciones del Hotel Isla Tajín y las playas tuxpeñas como marco idóneo para la infiel aventura amorosa.

En marzo de 2012, tras asistir a las  Jornadas del IMCINE, “Nuevos Modelos para la Distribución del Cine y el Audiovisual”, en la Ciudad de México, y respondiendo a una invitación de mi parte, el cineasta peruano Aldo Callegari se trasladó a Tuxpan, donde, a lo largo de un mes de estancia en la Comunidad de Juana Moza, rodó un material con vistas en convertirse en un mediometraje, con los tentativos títulos de “La octava puerta” o “La niña y la piedra”, con un elenco local y grabado en varias zonas de la ciudad: el mercado municipal, el bulevar y el Callejón del niño perdido. La historia, de corte fantástico, contaba las aventuras de una pequeña (Dulce Amairani Reyes Zúñiga,), oriunda de Juana Moza, que encontraba una antiquísima estela huasteca que servía de vehículo para abrir una puerta interdimensional, perseguida por la locura ritual que embargaba a un vagabundo de nombre Pedro (Ismael Muñoz). El corto permanece inédito.

En materia documental el puerto ha sido atractivo para contar la histórica partida del yate Granma y de Fidel Castro Ruz, en su aventura revolucionaria, desde Tuxpan a Cuba. En 2011, Ángel Ricardo Linares Colmenares, del  Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC UNAM), graba “Acciones de mecanismos belgas”, de apenas 20 minutos de duración, que indaga en la memoria de aquellos que vivieron dichos acontecimientos. El ya mencionado Paco Ignacio Taibo II graba también, en el puerto, para la cadena de televisión por cable History Channel. El argentino Jorge Denti rodó “La huella del doctor Ernesto Guevara” en 2013, indagando en la vida del “Ché” en una travesía que le llevó por varios países y parajes, buscando las pisadas del célebre guerrillero, incluyendo partes del estero de Tenechaco, la laguna de Tampamachoco, Santiago de la Peña y el Museo de la Amistad México-Cuba.

Algunas series de televisión y telenovelas causaron, en su momento, revuelo entre los habitantes del municipio, volcados al rodaje y las formas del rodaje. En 2013, Televisa rueda, en algunos segmentos del bulevar citadino, algunas escenas de la telenovela “De que te quiero, te quiero” y Telemundo, a través de Argos Comunicación, se decide por Tuxpan para la Cuarta temporada de su serial “El Señor de los cielos”.

De otros cortometrajes, que se han grabado en Tuxpan, citaremos “Primavera” (2014) de Tania Claudia Castillo, alumna del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y “Fredy intenta con veleros” (2016)  de Alan Maldonado. Pero el que, hasta ahora, constituye el mejor documento realizado por entero en Tuxpan, es el documental “Los ojos del mar” (2017) de José Álvarez, que cuenta las formas, colindantes con un acto ceremonial que realizan los familiares, para salvar la memoria y que la pérdida duela un poco menos, del naufragio del barco pesquero “Blackfin” en enero de 2011 con su tripulación ahogada en alta mar.

El azar y la necesidad son los factores que determinan, a la hora de realizar el “Scouting”, o búsqueda de locaciones, el que un lugar, pueblo, ciudad y hasta un ecosistema, sea más adecuado que otro para una película. No existen verdaderos destinos cinematográficos para rodar, a menos que se hable de estudios de cine, construidos específicamente para esto, sino lugares idóneos, que reúnan una serie de características que cubran las exigencias de la trama y del guion. El que Tuxpan, Veracruz, que no carece de atractivos, resulte atractivo para filmar, depende de ese azar y de esa necesidad, precisamente.

Pedro Paunero
Narrador y ensayista nacido en Tuxpan, Veracruz, México en 1973. Como biólogo terrestre ha ejercido el activismo en el área de la ecología (director de una asociación civil ambientalista y por breve tiempo como blogger para la Fundación Bertelsmann de Alemania). Ha colaborado con la revista Hontanar en Español de Australia, Axxón y Próxima de Argentina, Letralia, Tierra de letras de Venezuela; Alfa Eridiani y Tiempos Oscuros de España, OjOs del Museo Arte Erótico Americano de Colombia, la revista El Café Latino de Francia; la revista de finanzas y cultura Horizontum de México y La libreta de Irma de la periodista cultural Irma Gallo. Ha hecho crítica de cine para la Revista Digital de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la web CorreCámara.com y la revista Cine Toma. Ha trabajado como “freelance” para el Instituto Mexicano de Cinematografía, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y Europa Cinemas. Parte de su obra narrativa y ensayística ha sido traducida al inglés, francés y catalán. Ha prologado los libros Fuego del Orfeó Catalán de la Cd. De México y Este morir a gotas del escritor y fotógrafo Arturo Pizá (Ediciones del Ermitaño). Algunas de sus novelas y antologías en que figura su obra son: Labellum (Novela, Minimalia Erótica/Ediciones del Ermitaño, México, 2008), Cuentos de Barrio (Editorial Lectórum, 2012), Tecknochtitlán: 30 visiones de la Ciencia Ficción Mexicana, antología de Federico Schaffler (Edo. de Tamaulipas, 2014); en la antología Futuros por cruzar: Cuentos de ciencia ficción de la frontera México-Estados Unidos (New Borders / Nuevas Fronteras nº 2, Universidad Autónoma de Baja California y University of Colorado Colorado Springs, 2014) del antologador Gabriel Trujillo Muñoz y Dos Amantes Furtivos, Cine y Teatro Mexicanos, libro coordinado por el investigador y director de cine Hugo Lara (Editorial Paralelo 21, año 2015). Lleva el blog Zoonomía II con reseñas de libros para el portal Suplemento de Libros de la Editorial Librosampleados. Ha recibido dos veces el premio Tirant lo Blanc del Orfeó Catalán de la Cd. de México y el premio Miguel Barnet por la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana.
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