El conocimiento de nuestro cerebro nos convertirá en superhumanos

El Futuro es Apasionante

Divya Chander

Neurocientífica y anestesióloga

El yo, el ego, la conciencia o como se quiera denominar a ese observador que nos da identidad y nos dicta los actos volitivos ha sido uno de los grandes misterios de la filosofía, el misticismo y la ciencia desde que los seres humanos comenzaron a teorizar sobre su esencia y lo que nos identifica como lo que somos. Distintas corrientes, desde el budismo hasta la fenomenología, han teorizado sobre la conciencia buscando definirla y hasta ubicarla físicamente, un esfuerzo al que ahora se ha unido la neurobiología, uniendo así dos caminos -el de la ciencia y el del espíritu- separados hace siglos pero destinados, parece, a converger de nuevo en algún momento. Divya Chander, doctora en neurociencia, anestesióloga y profesora de la Singularity University, es una de las personas que con más empeño ha buscado en los últimos años esa definición científica de la conciencia. Y esta búsqueda se ha convertido, de alguna forma, en el sentido de su vida: “La belleza y sencillez de la complejidad de las neuronas lo es todo. Todo cuanto somos. Ni siquiera puedo explicar como se relaciona una cosa con la otra. Simplemente esa relación me estremece por dentro. No sé cómo decirlo, es una sensación a nivel espiritual, más allá de lo científico”.

Chander supo desde muy pequeña que su pasión era el cerebro, su funcionamiento y su fisionomía: “con tan solo siete años solía leer artículos científicos en una revista llamada Scientific American”. Esta intención la llevó a formarse en algunos de los centros más prestigiosos del mundo como Harvard y Stanford, y a convertirse en una de las investigadoras que más ha avanzado en el terreno de la optogenética aplicada al estudio de los interruptores de sueño y conciencia en el cerebro. Sus estudios -que tienen extraordinarias aplicaciones prácticas en medicina, por ejemplo- y su experiencia la han incitado a reflexionar sobre el potencial de nuestro cerebro y lo que podremos llegar a conseguir en el futuro a través de la neurociencia. Según Chander, escribir, mover robots o comunicarnos a través del cerebro será posible en un tiempo no muy lejano, y cree que esos avances llegarán incluso a modificar la propia concepción de la especie. Un salto interesante que, sin embargo, también puede ser peligroso si la desigualdad económica es la que dicta quién puede y quién no beneficiarse de ella: “Hay que asegurarse de que la tecnología se democratiza, de lo contrario si empezamos a mejorar humanos lo que pasará es que empezarán a evolucionar a una velocidad que en algún momento los convertirá en superhumanos o más que humanos o algo totalmente diferente. Acabarán teniendo tal ventaja frente a aquellos que no pueden permitírselo que no solo crearemos una nueva especie, sino que marcaremos una diferencia parecida a la que existía entre nosotros y nuestros antepasados primates más inmediatos”.

La científica estadounidense, que todavía sueña con viajar al espacio como cuando era una niña de siete años porque “estamos hechos de polvo cósmico”, piensa que seguiremos preguntándonos quiénes somos hasta dar con una respuesta que nos satisfaga. Y para ello, Chander cree que la ciencia y la tecnología, pero también la filosofía y la espiritualidad, tienen mucho que aportar a una pregunta que deberíamos “dirigir al cerebro”.

Edición:  Pedro García Campos | Ainara Nieves
Texto: José L. Álvarez Cedena

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