Las mujeres con un infarto tardan más que los hombres en llamar al médico

Ellas tienen síntomas diferentes y sufren el incidente cardiovascular con más edad que ellos

 

Por: Emilio de Benito/El País

 

Las mujeres tardan de media unos 37 minutos más en llamar al médico cuando tienen un infarto, según un estudio suizo que publica la Sociedad Europea de Cardiología. Aunque el trabajo se refiere a un centro de ese país, la Sociedad Española de Cardiología confirma que eso sucede igual en España. Y en el mundo. Datos, por ejemplo, del Observatorio Regional Bretón sobre el Infarto de Miocardio (ORBI) (Francia), indican que ellas tardan de media 60 minutos en llamar a urgencias cuando tienen un infarto; ellos lo hacen a los 44.

El retraso es obviamente perjudicial para las afectadas ya que el tiempo que se tarda en restablecer el flujo sanguíneo es fundamental para la recuperación después de un infarto. Una vez dado el aviso la atención es igual para ambos sexos.

Entre las causas para que haya esta diferencia, los autores del trabajo suizo recogen una fundamental: en el imaginario popular, el infarto se asocia a los hombres, cuando afecta también a las mujeres. De hecho, en España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2016 las enfermedades del sistema circulatorio causaron la muerte de 64.471 mujeres (de ellas, 5.899 por infarto), por delante de los tumores (44.320 fallecidas). En hombres hubo 55.307 muertes por enfermedades cardiovasculares (9.009 por infarto), y 68.619 por tumores.

Lo que es un hecho es que hay diferencias entre ambos sexos. En general, las mujeres tienen los infartos más tarde, unos 10 años de media después, debido a que las hormonas femeninas tienen un efecto cardioprotector que se pierde, lógicamente, con la menopausia.

Además, los síntomas pueden ser distintos. Frente al patrón clásico de presión en el pecho y dolor en el brazo izquierdo, típico en hombres, en las mujeres muchas veces la opresión se toma por ansiedad o problemas digestivos. También son más frecuentes otros síntomas asociados como la falta de aire, náuseas, vómitos y dolor de espalda o mandíbula. «Mujeres y hombres sufren la misma intensidad de dolor durante un ataque cardiaco, pero la localización puede ser diferente», explica Matthias Meyer, cardiólogo del Hospital Triemli de Zúrich y autor del trabajo. “Las personas con dolor en el pecho y en el brazo izquierdo piensan antes en un ataque al corazón, y esos son síntomas habituales en hombres. Las mujeres a menudo tienen dolor de espalda, hombro o estómago».

Pero esta interpretación errónea no ocurre solo entre las pacientes. El artículo recoge que los profesionales que las cuidan «pueden tener una menor tendencia a atribuir los síntomas a causas cardiacas».

Mercedes Suárez es un caso representativo de la diferencia del infarto por sexos. «Estuve dos días con dolores en el cuello y en el hombro, pero yo lo achaqué a que me había hecho daño haciendo yoga», cuenta esta madrileña de 57 años. Solo cuando sintió una presión en el pecho que no le dejaba respirar fue a urgencias. Ahí se repitió la situación. Aunque era fumadora –ya no lo es– , «hacía ejercicio todos los días», cuenta, y «tardaron cuatro horas en verme» porque nadie esperaba que esos síntomas correspondieran a un infarto. Una vez hecho el electro e identificada la dolencia «todo fue muy rápido». Del hospital de Fuenlabrada la mandaron al 12 de Octubre, y esa misma noche le pusieron un stent. «Pero todo a quel tiempo me ha dejado secuelas, y tengo un cuarto de corazón afectado», cuenta. «Me han dicho que afortunadamente antes de eso lo tenía muy bien». Luego ha estado dos meses en rehabilitación cardiaca. «Te deja tocado para siempre».

En el trabajo, Meyer ha revisado 16 años de historiales clínicos de su hospital, con 4.360 pacientes (967 mujeres y 3.393 hombres). Y una de sus conclusiones es que aunque toda la población detecta mejor los síntomas de un infarto, la diferencia entre hombres y mujeres se ha mantenido desde 2000 a 2016, que es el periodo analizado.

También se observa una diferencia en la mortalidad: es del 5,9% entre las mujeres y del 4,5% entre los hombres. Pero los autores del trabajo no lo atribuyen directamente a los retrasos a partir de sus datos, ya que afirman que otros indicadores influyen más. Meyer deja la puerta abierta a ambas interpretaciones: “Como se esperaba, son las graves complicaciones de los eventos cardíacos los que determinan la mortalidad de los pacientes ingresados más que los retrasos, pero sabemos por estudios previos que los retrasos predicen la mortalidad a largo plazo».

El médico suizo concluye: “Cada minuto cuenta cuando se tiene un ataque al corazón. Hay que vigilar si se tienen molestias de moderadas a graves como dolor en el pecho, garganta, cuello, espalda, estómago u hombros que duren más de 15 minutos. A menudo habrá también náuseas, sudor frío, debilidad, falta de aliento o angustia».

La primera causa de muerte en el mundo

Informar a las mujeres de que ellas también pueden tener un infarto es el objetivo de la campaña Mujeres por el Corazón, una iniciativa del Centro Nacional de Investigaciones cardiovasculares (CNIC), dirigido por Valentín Fuster, con la participación de la Fundación Mapfre, HM Hospitales, la Fundación Española del Corazón y la Comunidad de Madrid, afirma Leticia Fernández-Friera, cardióloga del CNIC-HM Hospitales y muy implicada en la iniciativa.

«Que el infarto es masculino es un mito. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte de mujeres en el mundo en general y en España en particular», afirma la médica. «El problema es que los síntomas son un poquito diferentes, y aparecen después de la menopausia. Si en los hombres los infartos empiezan alrededor de los 50 años, en las mujeres lo hacen unos 8 o 10 años después», dice Fernández-Friera.

Parte de la campaña, aparte de la publicidad con autobuses y en medios, han sido los 134.000 chequeos que se han hecho para medir el riesgo cardiovascular de mujeres que han participado. «No hablamos de si la sal o el tabaco. La prevención es cuestión de estilos de vida, y las mujeres hemos asumido el de los hombres», dice. «Los factores de riesgo son los mismos (dieta, ejercicio, tabaquismo)».

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